COMUNICAR LA VERDAD ES RIESGO LETAL EN MÉXICO

/ Redacción Paradoxa CML

journalism

En México los asesinatos de periodistas siguen ocurriendo a la vista de la ineficacia gubernamental y la impunidad judicial que no han logrado erradicar los crímenes contra la libertad de expresión. Hasta ahora no se entrevé panorama optimista para la comunicación libre, más bien el territorio mexicano destaca como el país más peligroso del mundo para ejercer el periodismo.

Aunque la censura y la autocensura forzada se imponen bajo el terror, periodistas y comunicadores libres desde distintas geografías continúan ejerciendo su labor de informar, pese a los riesgos que implica incomodar a quienes tienen el poder para cometer crímenes impunemente. Peor aún, en México el registro de las agresiones indica como agresores no sólo a grupos criminales, sino también a funcionarios públicos.

El trabajo comunicacional además de ejercerse bajo riesgo letal y en un contexto de impunidad, la mayor parte de los trabajadores del gremio informativo perciben ínfimos salarios por su labor, aunado a que muchas veces las empresas informativas no establecen protocolos de seguridad que garanticen la integridad de los comunicadores.

Aún así, ante este cruel escenario el silencio no se ha impuesto, pues periodistas independientes, ciudadanía solidaria y medios libres han encontrado en internet un espacio autónomo de la censura empresarial y estatal, aunque no garantiza seguridad, se ha adoptado como un frente de lucha contra la hegemonía mediática y la violencia hacia quienes comunican la verdad, en un momento decisivo: “Seguir informando o amordazarse”.

Anuncios

UN ÚLTIMO DESEO

/ Octavi Franch

mushrooms1

Adrián buscaba setas a primera hora del día, como cada fin de semana. Ese sábado, sin embargo, era muy especial. Deseaba llenar el cesto de los mejores ejemplares que pudiera encontrar ya que, al mediodía, almorzaría con Lidia, su prometida, en casa de sus inminentes suegros. Después de los postres, anunciarían su compromiso y mostrarían los anillos que sellarían su vínculo de amor, eterno.

Los padres de Lidia se sorprenderían, del todo, de una decisión tan repentina. Pero lo que desconocían era el motivo: su hija había cumplido dos faltas. Ambos, tanto Adrián como Lidia, anhelaban que aquel hijo fuese una niña: se llamaría Mireia. A pesar del contratiempo del embarazo, no se arrepentían de nada. Continuaban amándose con la locura novedosa del primer día.

Adrián disfrutaba con cada seta que cazaba. Tenía que ir con mucho cuidado, no obstante, de no recoger ninguno venenoso. Sabía que inclusive los seteros más veteranos, como su padre, eran capaces de confundirlos con los comestibles. En plena descubierta de níscalos y afines encontró un paraje, a medio camino entre el pueblo de sus futuros suegros y la montaña. Encinas, hayas y pinos se levantaban hasta lamer las nubes de tormenta que amenazaban el seco transcurso de la jornada. Adrián subió un buen tramo del nuevo camino y, acto seguido, se tomó un respiro: se sentó encima de una roca tapizada de musgo.

Entretanto, una niebla espesa empezó a acercársele. La neblina se evaporó, de repente, y de sus restos húmedos apareció una mujer de unos 80 años, con la cabeza rapada y tatuada con figuras geométricas, como de otro mundo. La abuela se abrigaba del helor del rocío con un mono de piel plateado, con adornos de metacrilato y estaño, y calzaba botas de drag queen. Dos anillos, que resplandecían oro, le enjoyaban la mano derecha. Adrián, mientras observaba curioso la vestimenta de la anciana, se preguntaba dónde había visto antes esos ojos. Seguidamente la abuela cayó de rodillas, abrazó al chico y arrancó un chorro inacabable de lágrimas. La mujer, entre sollozos, gimió: Papá, por fin…

Adrián permaneció inmóvil, sin saber qué decir ni qué hacer. La mujer continuaba llorando sin parar. Finalmente, él reaccionó.

No llore más, por favor —le suplicó Adrián—. Levántese, mujer, que el suelo está frío…

La abuela le agarró del brazo y se acomodaron sobre un par de rocas. Ella lloraba, todavía. Pero una inmensa alegría se reflejaba en sus arrugas de años, paños y daños. Adrián empezó a serenarse. Mientras tanto, barajaba la hipótesis de que se tratase de una paciente huida de algún centro psiquiátrico de los alrededores. Decidió tomar el atajo y verlas venir.

¿Ya está más tranquila, señora?

Sí, gracias… —respondió la abuela, con una sonrisa agridulce.

Disculpe… —se atrevió Adrián—: ¿Me puede decir de dónde ha salido usted?

No creo que lo puedas entender… —le anunció la anciana con un rictus de desconfianza en los labios.

Pruébelo —le recomendó Adrián.

Como quieras…: acabo de morir —le contestó la abuela.

¿Qué…? —intervino el chico con una mueca de estupefacción.

De una embolia.

¿Cómo…? —le preguntó Adrián, sin entender ni jota.

Pues como te decía: acabo de morir y he ido Ahí Arriba —dijo la mujer mientras señalaba el cielo con la mirada.

¿Y…?

Me han ofrecido cumplir un deseo antes de cruzar, definitivamente, la puerta.

¿Y cuál ha escogido?

Conocerte.

¿Por qué?

¿Todavía no sabes quién soy, verdad? —le planteó la abuela.

Pues la verdad, no… —le contestó Adrián sin dejar de mirar esos ojos que le recordaban a alguien, ¿pero a quién?

Soy Mireia.

¿Quién? —le preguntó un alucinado Adrián.

Tu hija.

Esas palabras le taladraban el cerebro. Adrián no comprendía nada de nada. Pero, en cambio, aquella mirada lo tenía completamente hechizado.

Háblame, papá, por favor… —le suplicó Mireia.

No sé qué decir… —consiguió susurrar Adrián, cada vez más absorto.

¡Date prisa! ¡La nube! Mira, ya vuelve…

Adrián giró el cuello y admiró, fascinado, la neblina grumosa que se les aproximaba.

¿Por qué dices que soy tu padre?

¿En qué año estamos? —preguntó Mireia.

En 2018, por supuesto…

¿Mamá debe estar embarazada, verdad?

¿Quién?

Lidia…

¿Cómo lo sabe?

Se miraron de nuevo. Por un instante, Adrián creyó que estaba hablando con su próxima suegra, la madre de Lidia.

Por lo que más quieras, dime que me quieres… ¡De prisa, la nube!

Adrián no sabía qué hacer ni qué decir, pero esos ojos…

Te quiero, hija…

Gracias, papá…

En un santiamén, la nube engulló a Mireia y la volatilizó. Antes de hacerlo, la abuela se despidió de Adrián con la mano derecha. Entonces él se pudo fijar, con claridad, en los dos anillos. Uno lo reconoció, inmediatamente: era el que regalaría a Lidia, después de almorzar; el otro, sin embargo, no lo había visto jamás.

Cuando la niebla se desvaneció, Adrián recogió el cesto lleno de setas. Permaneció ahí unos minutos todavía, observando el charco que había desprendido la nube después de desaparecer. Pensó en todo lo ocurrido. La abuela que decía que era su hija, sus ojos y, sobre todo, el anillo, el anillo que él había comprado 24 horas antes. Acabó de completar el cesto, con desidia, con un puñado de setas diversas que cortó del primer árbol con el que tropezó. Finalmente, se encaminó hacia casa de Lidia. Era necesario que llegara pronto: tenía que limpiar las setas. No estaba seguro del todo si les comentaría el encuentro con la enigmática abuela, su supuesta hija…

Una vez en la mesa, Lidia le preguntó si le pasaba algo. Adrián sólo se vio capaz de sonreírle, de sesgo:

Nada, no me pasa nada: no sufras… Solo es la boda, el embarazo, todo eso; todavía no lo he acabado de digerir.

Acto seguido, se dieron un beso. Adrián, de reojo, vio como la madre de Lidia les observaba con esos ojos verdes que todo lo controlaban. Como si nada, continuaron almorzando hasta que se acabaran todas las setas. Adrián repitió. Estaba hambriento, entre el ejercicio y el incidente de la mañana. Todavía no les había comentado nada. Quizás no valía la pena. Durante los postres, tal y como habían planeado, Adrián y Lidia aprovecharon para enseñar los anillos de boda. Adrián sufrió una taquicardia cuando se dio cuenta de que el suyo, el que le regalaba su prometida, era idéntico, el mismo, el que no había reconocido en la mano de la abuela del bosque. Se metió en la cama durante un buen rato. Hasta última hora de la tarde no se levantó. Parecía que ya se encontraba un poco mejor. Pero fue ponerse en pie y caer redondo. Estaba muy mareado y empezó a vomitar. Oyó cómo alguien llamaba a urgencias. Él ya sabía que no hacía falta ningún médico. Sabía que se estaba muriendo, envenenado por las setas que había cazado por la mañana.

FIN

IRRESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL Y NEOEXTRACTIVISMO

/ Eurístides De la Cruz

mty

Perspectiva de la contaminación atmosférica en la ciudad de Monterrey

La crisis socioambiental de alcance planetario impulsada por el neoextractivismo servil a la acumulación de capital, ha generado nuevos discursos empresariales con los que se pretende justificar una producción contraria a la conservación ambiental y al bien común. El alegato de la llamada responsabilidad social empresarial reviste con nuevas máscaras la mercantilización y la depredación de la naturaleza y del trabajo humano.

Más allá de preservar una imagen corporativa afín a las necesidades de sus consumidores, las empresas contaminantes no dirigen su esfuerzo hacia soluciones radicales tangibles, además se amparan en la impunidad institucional y la torpeza gubernamental que prefiere priorizar números monetarios en vez de erradicar la crisis socioambiental transgrediendo las relaciones económicas basadas en la acumulación.

Los códigos éticos y de conducta adoptados por las empresas, sus normas de gestión y acciones de intervención, en nada contribuyen a remediar los desafíos ambientales cuando no son mas que campañas publicitarias concentradas en mostrar las “virtudes” de las empresas pese a sus innegables e irreparables daños sobre la atmósfera, el agua, la urbe o la vida.

Persiste la idea equívoca de la empresa socialmente responsable como aquella que realiza acciones de caridad o emprende campañas de concientización en las que deslinda sus procesos productivos y responsabiliza las acciones individuales como causa del deterioro ambiental. Muchas empresas están dispuestas a ensalzar la ética siempre y cuando esta no cuestione de fondo al sistema económico ni evidencie la factura entrópica de su actuar neoextractivo.

Es indudable que las acciones cotidianas individuales y colectivas tienen repercusiones ambientales, pero en comparación con el álgido nivel de impacto de las diversas empresas neoextractivistas, el contraste es absurdo. La crisis socioambiental que amaga la civilización tiene su origen en el modo de producción capitalista, no puede ser solucionada con paliativos discursivos ni moderaciones verdes como los ecoimpuestos, para erradicar la insaciabilidad capitalista de la acumulación es indispensable erradicar el capitalismo, con todo y su mercantilismo carente de respeto a la vida y la dignidad humana.

industria y contaminacion en NL

Industria acerera trasnacional operando en Nuevo León

EL DESDICHADO

/José Carlos Faustino

comedy tragedic manic depressive by Rick Stegeman

La ventura y la desventura se interceden sin pauta mientras se vive, éxito, bonanza, carencia y derrota son fantasmas burlescos y fugaces aparecidos en la trama de la incierta existencia humana. La personalidad es una máscara con la que se encubre la semejanza, es una apariencia perversa. Leonel y Goyo, mundos paralelos, personalidades diferentes pero una misma alma vagabunda por la insondable corriente del ser.

Leonel, fornido y extravertido, entregado al gozo sensual de los licores, los manjares y el sexo no demoraba en cumplir cuanto deseo brotaba de sus instintos. Evidentemente nunca fue hombre de una sola mujer, su obsesión profusa a la compañía femenina, durante años le llevó a tener decenas de amantes simultáneamente sin que esto nunca ocasionara problema alguno a su relativa tranquila vida. El mayor bochorno existencial para Leonel era cubrir el turno de seis horas de lunes a viernes en el ayuntamiento local donde pasaba el rato sellando multas viales, todo lo demás era espacio para sus goces.

Goyo, tímido y tullido, malcomido y con la libido extinta prematuramente era arrastrado por la fuerza del destino sin oportunidad al gozo voluntario, tal como una hoja de árbol es arrastrada por un ventarrón. Ni hablar de tiempo libre, todo era trabajo fatigoso y ni así el mendigo hombre minimizaba en absoluto su pobreza. Desde muy temprano repartía el periódico para ganarse unos pesos, las horas póstumas recolectaba aluminio y fierro visitando puntualmente los contenedores de basura, ya para el anochecer sólo había hambre y cansancio casi siempre mal saciado.

Pese a su lugar de poca monta en la división del trabajo y del poder, Leonel era alguien de importancia para su círculo social, un joven mujeriego y parrandero con perdón de su juventud, pero sin futuro visible, un leonel cualquiera, así minúsculo por su irrelevancia en la trama del cosmos, una fronda más succionada por el tifón del tiempo. Pero era un Leonel orgulloso de satisfacer sus deseos, imaginaba la libertad y el placer como obediencia al deseo y vivía bajo esa idea de libertad y de placer, cuan inamovible fanatismo religioso.

Goyo era el famoso don nadie al que hasta el más mediocre de la turba civilizada le restriega superioridad fantasiosa, el prójimo le vedó la compasión y lo coronó con el rechazo. El mísero harapiento que clama lástima ajena casi siempre doblega el corazón de sensibles y ásperos, pero el desdichado Goyo ni siquiera inspiraba pena, ni el más fervoroso cristiano se acercó a él ofreciendo el paraíso prometido a los arrepentidos, como si el cielo estuviera prohibido para los repugnantes que no tienen ni como arrepentirse.

Leonel en su ilusión de voluntad y libertad proclamaba como máxima de vida: El fin lo justifica todo. Ese fin era el gozo, sin duda. Repitió en silencio aquella frase cuando se lió con una mujer cuarentona de cabellos castaños que conoció en un bar frecuentado, quedó con ella en varias ocasiones por un lapso de meses, después ella dejó de responder las llamadas de su amante ocasional. Para Leonel fue un encuentro fugaz más de tantos, pero lo cierto es que representaría el final de su vida y el inicio de otra.

Goyo como por inercia se decía a sí mismo: ¡No hay más que chingarle! De su pasado sabía que una madrugada lo encontraron golpeado con tremendos chichones en cabeza y cara, y cortadas de navaja por varias partes del cuerpo incluidos genitales, se habían ensañado con él, quien sabe cómo sobrevivió pero una tal doña Nena le hizo curaciones y lo cuidó durante días mientras estaba inconsciente quesque porque le recordaba a su hijo que se fue pal otro lado y nunca volvió. Cuando despertó no recordaba ni un fragmento del ayer, cojeaba y la mano izquierda no tenía movilidad, sin cuestionar se adaptó al nuevo hogar y a la mendicidad de extenuarse por raquíticas monedas incapaces de saciar las necesidades más básicas.

Muy seguramente Goyo morirá ignorando que la vida extravagante de Leonel es su pasado olvidado, que antaño se sintió el cochero de su propio carruaje persiguiendo libremente sus deseos siempre justificables. No recordará que incluso él siendo Leonel habría sentido aversión de sí mismo como Goyo, tampoco sabrá que el marido de la cuarentona castaña supo de sus fines justificados y decidió propinarle una golpiza que le hizo perder el conocimiento y le dejó lisiado permanente, arrancado de la fantasiosa vida de gozo y despreocupación en la que yacía.

VOYEURISMO 2.0

/ Emilio Raúl Garza

spy Michele Finotto

“Spy” Michele Finotto

En la era digital la privacidad es un concepto cada vez más difuso, incluso hace no más de cien años fue fácil distinguir entre lo público y privado, actualmente tal vez haya quien afirme tener separada con claridad su vida pública de su vida privada, pero en la realidad los avances tecnológicos dispersos por el mundo funcionan como dispositivos de espionaje sofisticado adquiridos voluntariamente. Los datos sensibles y confidenciales de cada persona están expuestos a ser consultados por cualquiera, hoy ya no es palabrería conspiranoica que vivimos en el BigBrother orweliano, donde cada acción es observada y la privacidad se va volviendo cosa del pasado.

Información familiar, lugar de residencia, ubicaciones recurrentes, ocupación, sueldos, gustos o intereses son la gallina de los huevos de oro de las poderosas empresas de marketing que hoy poseen bases de datos impresionantes útiles no nada más a las empresas para influir sobre las decisiones de los consumidores, sino también a grupos criminales para espiar a sus víctimas. No hace mucho la empresa facebook enfrentó acciones judiciales por lucrar ilegalmente con la información de millones de usuarios.

Desde el momento que nos registramos en una red social de internet o adquirimos televisiones o teléfonos “inteligentes”, estamos facilitando la vulneración de nuestra privacidad, pese a que no haya suficiente información sobre este riesgo. Quedó atrás el tiempo donde las figuras públicas eran solamente personas selectas por las televisoras para hacer públicos sus actos, hoy la privacidad es una mera formalidad, todas las personas somos “viralizables”. Quienes participan en hechos reprobables como abuso, estafa, robo o violencia son facilmente detectados por los mismos usuarios de internet, lo cual también ha empoderado a las personas para realizar actos de justicia por sí mismas.

En general la vida cotidiana está transformándose por las nuevas tecnologías, pese a esto los usuarios no se conforman con el plan voyeurista de espionaje implementado a nivel global del que forman parte, pues se han surgido acciones dignas de reconocimiento entre los usuarios como redes de protección y denuncia o de intercambio de conocimiento, pero al igual no todo es positivo, con este voyeurismo 2.0 se multiplica también el cyber acoso, la información falsa, la paranoia y muchos más problemas derivados de la obsesiva conectividad 2.0.

COMENTARIOS MARGINALES A CAPITALISMO GORE DE SAYAK VALENCIA Y NECROPOLÍTICA SOBRE EL GOBIERNO PRIVADO INDIRECTO DE ACHILLE MBEMBE*

/ Colaboración anónima

El templo de la Santa Muerte de Tultitlán, en el céntrico Estado de México

Introducción

Lo que se busca con estos comentarios es encontrar las analogías y posibilidades de aproximación así como las diferencias y distinciones insalvables entre una perspectiva comunista y los potentes aportes de Sayak y Mbembe que se orientan todavía en la lógica del capital, en lo relativo a las temáticas abordadas en sus trabajos y nuestras propias elaboraciones**, a saberse, los aspectos destructivos de la lógica de acumulación de capital.

Realidad histórica y Realidad empírica, o la confusión teórico-histórica

Ninguno de los autores carece de perspectiva histórica, no obstante, adolecen de una periodización adecuada para situar(se) los movimientos del capital en su devenir crítico: en este sentido, la supuesta “transformación de la estructura de la vida” y el supuesto “trastocamiento de la economía política tradicional” (Valencia, p. 150) o los supuestos “privatización de la soberanía y el desdoblamiento de la semiconstitucionalidad” (Mbembe, p. 85) son, fundamentalmente, una incomprensión del pasaje de la dominación formal a la dominación real del Modo de Producción Capitalista (MPC), cuya esencia histórica es, entre otros factores, la derrota del proletariado mediante su afirmación programática a lo largo del siglo XX.

Dicha incomprensión nos explica la suscripción de un supuesto “estallido del Estado como formación política”, o la de un supuesto “gobierno privado indirecto”, y la ausencia, a lo largo de estos trabajos de gran potencial explicativo en su plano contextual y empírico, de las luchas del proletariado en su verdadera dimensión histórica, es decir, en la emergencia agresiva de la negatividad.

Y aquí está la cuestión esencial que funda nuestras diferencias y distinciones insalvables con estos trabajos: el oscurecimiento metodológico en lo que respecta a lo posible y lo efectivo, a la continuidad y la discontinuidad, a la realidad empírica y la realidad histórica, y por ende, la contribución involuntaria de Valencia y Mbembe a la reificación teórica de los Ciclos Históricos de Lucha Proletaria, es decir, a la negatividad histórica como una realidad inexistente en la propia elaboración teórica.

Así, se comprende la ausencia total de fundamento histórico en apartados como “El capitalismo como construcción cultural” de Valencia o “El necropoder y la ocupación en la modernidad tardía” de Mbembe o, para decirlo de otro modo, así se explifca su incomprensión de la subsunción real del consumo bajo el capital, su crisis y sus movimientos de autocorrección negativa, más su correlato lógico operante, la subjetividad tanática.

Necropolítica o crisis de reproducción de la relación social capitalista y su autocorrección negativa

Valencia y Mbembe, al quedar atrapados en la inmediatez, es decir, en la determinación más simple de la realidad histórica, reducen su potencia explicativa a la actualidad operante interpretándola como una supuesta mutación histórica de largo alcance, no alcanzan a leer la continuidad histórica del capital.

No otra cosa son las tesis de la “apropiación de las tecnologías gubernamentales de la biopolítica para subyugar los cuerpos y las poblaciones que integra como elemento fundamental la sobreespecialización de la violencia [que] tiene como fin comerciar con el proceso de dar muerte” (Valencia, p. 147) o la de la los “dispositivos emergentes de dominación” (Mbembe, p. 80) que argumentan la noción de <<necropolítica>> que teje toda su producción discursiva.

No menos casual resulta el uso transversal de la noción de <<biopolítica>> de Foucault, el “destructor de la dialéctica”, o más bien, el gran desconocedor de la subsunción real del consumo y uno de los principales hipostaziadores de la inmediatez histórica, el fetichista del devenir.

Así, la prehistoria del capital se presenta como la última novedad, y se reifica el constante retorno de su movimiento de autocorrección negativa en sus crisis como el unilateral contemporáneo reificado de la necropolítica.

La subjetividad tanática que se desvaneció históricamente en ciclos anteriores (proceso de integración del proletariado al consumo) y que ahora retorna plenamente y se desdobla como categoría fundamental plenamente operante en la valorización del valor en proceso se teoriza en su inmediatez como <<subjetividad endriaga>>, como <<lógica del mártir>> y como <<lógica de la supervivencia>> y se oculta el vínculo que tiene con las derrotas pasadas del proletariado, apareciendo mágicamente como la explicación más criptosocialdemócrata de todas: la reaparición del liberalismo más salvaje: el neoliberalismo que desmontó al Estado.

Al no comprender que la crisis actual del MPC es la crisis de límites históricos en desborde intensificado, en la que el capital despliega lógicas operantes de consumo suntuario-sacrificial de la población excedentaria y desdobla la competencia vertiginosa y salvaje como subjetividad tanática se postulan verdaderos despropósitos como las novísimas “culturas de la impunidad” (Mbembe, p.91) o la “efectividad del miedo” (Valencia, p. 37), por no hablar de esas abstracciones tan recurrentes como confusas del tipo “economía sumergida”, las excentricidades parapublicitarias al estilo de “proletariado gore” o los aún más iluminados señalamientos de la “insuficiencia teórico-conceptual-explicativa para explicar la producción de valor y de la vida en la sociedad actual (Valencia a lo largo del apartado “El capitalismo como construcción cultural).

De este modo, la cita de Nirmal Puwar- R. Chow se vuelve contra Valencia: “Deshonra y santificación pertenecen al mismo orden simbólico, el de la idealización” (p. 226), y la noción de necropolítica escamotea la explicación fundamental: la crisis de reproducción

de la relación social capitalista; y así, se soslayan cuestiones como el desplome por desvalorización del trabajo abstracto, los mecanismo de acumulación y circulación vertiginosa de los planos dinerarios (la llamada “economía sumergida”), la reproducción iridiscente de la antropomorfosis del capital en sus planos tanáticos, los constantes avances de la Comunidad Material del Capital en el cuerpo proletarizado de la especie humana y el territorio (subsunción de la geografía y la población como valor de uso total del capital en el dominio de las condiciones materiales de existencia), la fijación de la represión como momento fundamental de la reproducción de la relación de clase (el “estado de excepción [¡que para el proletariado en sus ciclos históricos ya es!] permanente”), el despliegue del capital ficticio y la mercantilización total de la reproducción de la especie humana subsumida a la reproducción de la relación social capitalista entre muchas cuestiones más que a nuestros autores se les presentan como aridez teórica insuficiente… cuando no obsoleta.

zetas

La lucidez de lo inmediato

En los aportes de Valencia y Mbembe todo el proletariado presta atención a la luz arrojada en el denso tejido de la empiria, de la inmediatez y su devenir; su ceguera histórica es su lucidez. Dichas reflexiones están situadas en la simplicidad que se cree histórica, en la superficialidad en su sentido profundo: la realidad pura.

Correctamente delimitado, es decir, considerado en su positividad, las exposiciones-descripciones nos alumbran sobre cuestiones que de otro modo quedarían en la obscuridad más muda.

En este sentido, nada tenemos que reprochar a la crítica al capital que se despliega desde las esferas del consumo improductivo pauperizado.

En Mbembe, su inmediatismo retrospectivo permite el esclarecimiento de la esclavitud africana y las “dimensiones de existencia extra-lingüística y antidiscursiva de la rebelión en el suicidio”, la noción del estado de “muerte en vida del encierro simbólico”, la “síntesis entre masacre y burocracia”, las “dinámicas de las <<comunidades blindadas>> y las redes de circulación” [del urbanismo bélico del capital], la “gestión [homicida-sacrificial] de multitudes [población excedentaria]”, de “duelo perpetuo, vaciamiento de la corporalidad en el estupor y espectáculo mórbido” inmovilizador; la noción de las “topologías de la crueldad” y la “expulsión de la economía dineraria”, y las lógicas de pillaje, las exenciones y el llamado “extractivismo” [presupuesto del dominio de las condiciones materiales de existencia para el desarrollo de las categorías de la economía política], etc.

En Valencia las teorizaciones sobre la corporalidad nos llevan lejos en la crítica de la

<<masculinidad>> [encarnaciones particulares y concretas del patriarcado como productor de mercancías]; sin importar las especulaciones metafísicas de una supuesta <<subversión molecular y resignificación performativa>> comprendemos la lógica de la visibilización antifetichista en las prácticas denominadas “estrategias de traducción cultural y procesos de experimentación colectiva” por más cripto-empirista-inmediatista que sean.

Y así, a pesar del realismo pragmático y antihistórico de Sayak (“no apelamos a la eliminación total del sistema capitalista, ya que sería iluso pensar en la eliminación total de un sistema tan imbricado y celebrado socialmente”, p.195), seguimos leyendo la crítica del consumo improductivo al capital, suponiendo las dificultades que se tienen que sortear en las esferas subsumidas al MPC en los planos de producción de la mercancía-cognición.

No tenemos ningún tipo de esperanza en “anudaciones epistemológicas con implicaciones a nivel micropolítico” que vayan a elaborarse desde un pretendido “discurso resignificado performáticamente que redirecciones la realidad”, pero nos reconocemos en los esfuerzos por esclarecer la realidad desde otras esferas y planos del capital por otros proletarios; más allá de las lógicas de exclusión y las prácticas de aplanamiento interiorizadas, leemos con cierto placer estas elaboraciones teóricas sin caer en la ilusión ingenua de “responsabilizar al gobierno”.

Estos son los planos en los que es posible encontrar las analogías y posibilidades de aproximación.

La invarianza comunista en la inmediatez

Nada nos interesa en el plano de lo inmediato, ni siquiera las flores discursivas de Deleuze. Esto lo aprendimos de Bordiga y, a pesar de todo, aquí estamos, en el infierno de una cotidianidad sin alma, de una supervivencia fetichista y sacrificial alucinante.

Hemos renunciado en el espíritu y la voluntad a las sutilezas metafísicas pero no a la invarianza histórica negativa, está es la cuestión.

Preferimos el silencio y el humor negro mientras tejemos con el hilo rojo nuestras teorías catastróficas, mientras nos agrupamos con otros errantes, mientras contemplamos las guerras por el control del nervio de la acumulación de capital en la gestión vudú de la socialdemocracia en estos días aciagos en los que se despliega una de las últimas fes en la mercancía. Todo es una banalidad. No existen líneas de fuga y queremos aprender a lidiar con ello. Queremos aprender bien a ser nihilistas en esta época histórica que nos subsume como capital. De ellos depende nuestra capacidad de combate. Que nadie renuncie a la fiesta, que nadie pierda la alegría de reconocerse en otros seres proletarizados, que nadie confunda su ausencia en devenir con la subversión social de la mercancía.

Nada vendrá del plano individual, esa es nuestra certeza y nuestro punto de partida. No podemos perdernos en la pretensión de una subversión discursiva del capital, no podemos extraviarnos en estetizar nuestro aislamiento social o nuestro agrupamiento racketero.

Apurar el cáliz a las heces significa asumir la totalidad de nuestra derrota histórica que nos precede y aprender a posibilitar y reconocer la emergencia agresiva de la negatividad histórica como un acontecimiento cismático que ya está aquí como contradicción social en proceso. Esto no significa pasividad.

No es ebriedad regordeada de sí en la producción de ideologías y justificaciones de la incapacidad de articularse, es un posición de guerra que se asume.

Para nosotros, asalariados y excedentarios, todo se presenta como pasión por lo posible, o seguimos la lógica de afirmarnos como capital o aprendemos a leer los umbrales en los que es posible desmontar las categorías fundamentales del capital materializadas en la realidad… la humanidad aún está aprendiendo a atacar la distribución y la circulación de mercancías… la producción ha quedado intacta en las batallas más recientes y en las que están en proceso mientras escribimos estás líneas…más allá de los combates por la reproducción social contradictoria y problemática o las batallas por neutralizar la liquidación pura de seres humanos por el capital se encuentra la dimensión ofensiva de nuestra guerra.

Redimensionar el plano reivindicativo fundamenta la desfetichización práctica de nuestra miseria, abre líneas de ataque. La lógica de la fuga es el estertor discursivo de una derrota histórica fetichizada, una asimilación precaria del devenir social.

Finalmente, lo que queremos decir es que podemos pasar, en nuestras existencias concretas, de una situación de crisis de reproducción de la relación social capitalista a una ofensiva comunizadora que nos saque del letargo de la inconsciencia histórica, para articular un ataque simultáneamente anárquico y centralizado a las categorías del MPC materializadas en la vida cotidiana.

Tal es la apuesta de los que asumen la invarianza comunista, tal es el cisma social contra el capital a operar por el que la comunidad humana es posible. Estamos a dos pasos del voluntarismo, y a cien de la ingenuidad de que lo posible puede emerger en lo efectivo de la inmediatez, de las intensidades carentes de contenido, de la fuerza sin extensión, de la superficialidad.

*Las ediciones que leímos de Sayak Valencia y Achille Mbembe para elaborar estos comentarios marginales fueron los editados por Editorial Melusina en 2010 y 2011 respectivamente, disponibles en la red. 

**Para una aproximación a nuestras elaboraciones teóricas, consúltese: https://paradoxacentrodemedioslibres.wordpress.com/2018/12/29/revistaparadoxa-edicion-11/

PAC MAN Y LOS FANTASMAS FRENTE A LA PANTALLA

/ Juan Gerardo Guerrero

8bit by Morgan Bell

“8 bit”/ Morgan Bell

Puedo recordar con exactitud casi cinematográfica todo lo que sucedió esa noche, pero tengo más presente los detalles que algunos llamarían insignificantes de esos momentos ¿Por qué será que siempre se nos quedan grabadas las cosas más comunes de ocasiones trascendentales? Sé que no soy el único en el mundo al que le ha sucedido esto, apuesto a que uno de los tripulantes del Enola Gay, esa mañana, antes de soltar a Little boy sobre Hiroshima. Se le quedó en la memoria la mariquita que se le posó sobre la mano, y la cual retiró con cuidado y dejó libre antes de subir al avión. Así yo tengo una serie de imágenes que siempre recuerdo y relaciono con el fin de la civilización. Esa noche mi hermano Rocco y su novia Nancy fueron al concierto de Duran Duran, era la tercera presentación del grupo británico en nuestra ciudad y la segunda vez que mi hermano y la maniática de su novia asistían al concierto. Yo jugaba con Paul y Martín al Atari. Martín estaba a casi nada de romper el récord nacional del Pac man. Aún puedo ver y escuchar la figura amarilla avanzar por el laberinto virtual y comerse una píldora para después ir en persecución de un fantasma huidizo y arrinconarlo para estar a punto de comérselo. Me veo a mi tomando unos Cheetos, y dándole un mordisco a un twinkie de vainilla ¡que hermosa combinación en mi boca! Después un trago a la lata de Pepsi, aún puedo saborear el gas frio. Veo a Paul saltando y gritando sobre el sofá, alentando a Martín. Estoy casi seguro de que si la historia de la humanidad hubiera continuado, Martín hubiera acudido al programa de televisión “Lo Increíble” o quizá hasta hubiera aparecido en un reportaje en “Aunque usted no lo crea” de Ripley. Pero no, exactamente todo se congela ahí. Martín sosteniendo el joystick frente al televisor, guiando a Pac man a un mordisco de la gloria. Paul en el aire dando un brinco, yo con la boca abierta y llena con una masa hecha de twinkie y Cheetos. Entonces sucedió. Rocco se apareció frente a nosotros, y con una presteza de prestigiador desconectó la consola. Por unos segundos nos quedamos callados sin saber cómo reaccionar, pero después gritamos como si fuéramos una sola persona y en unos segundos pasamos de los alaridos y lamentos a los insultos. Entonces vi algo extraño en mi hermano, éste no respondía a nuestras ofensas. Era extraño que el gran capitán del equipo de futbol de la escuela, quien siempre aprovechaba cualquier momento para molestarnos, no se defendiera y dejara que lo insultáramos. Dejé de gritarle y vi algo diferente en el rostro de Rocco, no se veía altanero y molesto como siempre, sino que tenía la cara pálida y desencajada. Y lo que más me alertó fue que Rocco no llevara puesta la chaqueta de la escuela. Era tan habitual en él y en su sequito de orangutanes siempre verlos a todos vistiendo en toda ocasión con la chaqueta. Siempre tuve la teoría que quizá les costaba trabajo recordar a que escuela pertenecían, y tal vez hasta tenían la dirección de su casa escrita en el interior de la prenda por si se perdían. Hice de inmediato que Martín y Paul dejaran de gritar. Rocco me miró y creo que me agradeció en silencio. Después con voz entrecortada nos dijo que algo terrible había sucedido. De inmediato imaginé que Nancy había sufrido un accidente tratando de conocer al vocalista del grupo Duran Duran o que se había fugado con una banda de motociclistas, con esa chica nunca se sabía. Pero de inmediato vi que Nancy entró caminando con tranquilidad y se colocó detrás de nosotros. Rocco nos comenzó a decir que una invasión extraterrestre había ocurrido, que habíamos sido conquistados. Mi primera reacción fue preguntarle si estaba drogado. Rocco me ignoró y comenzó a decirnos que a la mitad de una canción, Simón Le bon dejo de cantar y ordenó que la música parara y comenzó a decir que él y el resto de los integrantes de Duran Duran eran extraterrestres y que la invasión a la tierra se estaba llevando a cabo, que no opusieran resistencia, y que se preparan para la esclavitud energética. Nos contó que el grupo se retiró entre gritos y chiflidos del público. Que después la gente entró en pánico y hubo desorden en el lugar. Que él y Nancy escaparon brincando por una malla. Miré a mi hermano y esperé a que se riera, y dijera que todo era una broma. Pero no dijo nada, su cara continuaba reflejando miedo. Lo vi tan nervioso que lo único que se me ocurrió decirle era que quizá era solo una broma del vocalista de Duran Duran. Rocco respondió que no, y negó enérgicamente con la cabeza porque camino a casa habían escuchado en el auto, que en la radio hablaban sobre la invasión y daban instrucciones de qué hacer si te topabas a los alienígenas. Mis amigos y yo miramos a Rocco, después volteamos con Nancy esperando que se riera o digiera algo que desmintiera a Rocco, pero cuando habló, solo dijo que era obvio que los de Duran Duran eran extraterrestres, porque su música era de otro planeta. Y que quizá George Michael también era extraterrestre… De inmediato dejamos de ponerle atención y la dejamos sola en sus bizarras reflexiones porque Martín tuvo la idea de encender la televisión para ver las noticias. Al hacerlo vimos la imagen que nos confirmaba el fin de todo. Nuestro presidente y otros mandatarios del país se encontraban de pie y desnudos a las afueras de la Casa Blanca. Estaban rodeados por enormes criaturas deformes y casi humanoides que los metían uno a uno en capsulas parecidas a píldoras.

Han pasado treinta, cuarenta o quizá mil años, no lo sé con exactitud. Nos han otorgado la inmortalidad. Tengo cuerpo de niño con un alma muy vieja. Siempre estoy sentado frente a una pantalla que proyecta nuestros recuerdos. Recuerdos como éste que relato, pero no sólo recuerdos se proyectan sino también extrañas configuraciones del futuro que se suponen no sucedieron. Sé que los noventas no llegaron, ni las décadas siguientes, sin embargo, en mi pantalla se proyecta Kurt Cobain y lo veo tocar llevando un vestido de mujer y destruir su guitarra contra el escenario, o aparecen el ataque a las torres gemelas, las distintas guerras e invasiones en medio oriente. Veo caer la estatua de Sadam Husein. El gran avance de la computación, los celulares, los viajes a Marte, todo sucede frente a mí. No sé a dónde o para quien son estás imágenes. Únicamente sé que llevo mucho tiempo inmóvil, que no me puedo levantar ni mover porque tengo distintos tubos conectados a mi cuerpo. Algunos me atraviesan la cabeza, otros el pecho y la espalda a la altura del corazón y los pulmones. Tengo conectada una sonda rectal por donde me alimentan e hidratan con una pasta parecida al relleno de los twinkies. No soy el único, a mi lado y frente a mi hay miles, quizá millones de hileras de lo que fueron seres humanos. A veces logró mirar por encima de la pantalla y veo que cuando alguien muere una especie de exhalación abandona el cuerpo, pero apenas ese vapor comienza a elevarse, aparece una enorme máquina semejante a un Pac man, que se lo traga y lo regresa al cuerpo por medio de los tubos que tiene conectados al corazón y los pulmones.