¿SERÁ ETERNA LA INJUSTICIA? (CUENTO)

/ Anselmo Lorenzo

mural

Pedro, Juan y Andrés nacieron en un mismo año y en un mismo pueblo.

Pedro era hijo del usurero en jefe de la comarca, Juan de un pobre gañán y Andrés del mayor contribuyente por territorial de aquel vecindario.

A los diez años los tres chiquillos iban a la escuela, y no importándoles nada las diferencias sociales que les separaban, juntos se entregaban a las ingenuas alegrías de la infancia.

Ocho años después, Pedro estudiaba teología en un seminario, Juan trabajaba en la herrería del pueblo y Andrés, graduado de bachiller, había empezado el estudio del derecho en la universidad.

A los veinticinco años, en un mismo día, Pedro canta misa, Juan perora en un mitin socialista y Andrés se presenta como candidato en una reunión electoral.

A los cincuenta años Pedro es obispo, Juan presidiario y Andrés ministro. Pedro encubrió su ambición bajo la capa de la humildad y, a fuerza de servilismo, astucia y constancia, llegó a colarse en una vacante episcopal.

Juan, trabajador, buen compañero y padre de familia, fomentaba la ilustración entre los suyos; lo que le atrajo el odio burgués y un proceso fundado en una calumnia le despojó del honor y le privó de libertad.

Andrés, excelente retórico, despreocupado adorador del éxito y aprovechado adulador del cacique dominante, fue periodista, diputado y gobernador y, ascendiendo debidamente, elevóse a ministro.

La usura y la usurpación dieron a Pedro y a Andrés posición social privilegiada, en la cual vivieron honrados, tranquilos y satisfechos, lo que da alta idea de la eficacia moralizadora de aquella terrible amenaza repetida sin cesar durante diez y nueve siglos: “¿,qué aprovecha al hombre si granjease todo el mundo y se pierde él a sí mismo?” o de la fe que tienen los creyentes en estas palabras del Maestro: “cualquiera de vosotros que no renuncie a todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo.”

En cambio el pobre Juan, heredero de la miseria paterna, desheredado del patrimonio universal, partícipe de la desgracia común a todos los que viven sin alcanzar el nivel social del derecho, deshonrado y víctima de la explotación y de la usura, se hunde en la desesperación y el desconsuelo, siendo la negación en carne y hueso de esta señal dada por Cristo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuvieseis amor los unos a los otros.”

Y la injusticia no se detiene ante la tumba: Pedro y Andrés, en posesión durante su vida de ese despojo de los pobres que llaman fortuna, rodeados de atenciones y cuidados, tuvieron buena vejez, y por si de veras hay un dios a quien engañan con hipocresías, tomaron los sacramentos a última hora y, pensando piadosamente, estarán en la gloria oyendo la música celestial; pero Juan, que protestó toda su vida contra la iniquidad triunfante y mandó a paseo al cura que ante la muerte le pedía la complicidad de la resignación…

Tranquilízate, lector, no supongas a Juan en el infierno; su vida es una de tantas que, a semejanza de tenue copo de nieve, forma aquel potente y vigoroso alud revolucionario que un día aplastará esa sociedad infame que formaron los malos para explotar a los pobres.

Publicado en #RevistaParadoxa edición 10 / junio 2016

Anuncios

Un pensamiento en “¿SERÁ ETERNA LA INJUSTICIA? (CUENTO)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s