EL OPTIMISMO INGENUO Y LA ESCUELITA ZAPATISTA

/ Victor Ortega

escuelita z

Este texto es una pequeña respuesta no requerida a muchos compañeros que han asistido a la escuelita zapatista, sin la menor aspiración crítica, pues he podido escuchar cantidad de cosas que, me parece, van en contra de las lecciones generales del zapatismo. Este es un modesto esfuerzo crítico que cualquier compa podría hacer sin pertenecer a un proyecto tan grande como es el zapatista, y sin dejar de aspirar a ser humildemente crítico; se vale equivocarse. Va, pues.

Me parece más correcto considerar el zapatismo como un movimiento, como un conjunto de tendencias de lo que definitivamente no es, y de lo que, a pesar de sus opiniones y nuestras opiniones, es. Voy a intentar compartir mis opiniones lo más breve y claramente posible.

Nota. Por supuesto que sí, mi reciente visita a la Escuelita Zapatista me ha impresionado bastante, pero igual esta fuerte impresión interactúa con mis opiniones antes del viaje y no ha podido anular nada, por el contrario, creo que se han fortalecido.

Historia

Creo que es importante conocer la trayectoria del movimiento zapatista, pero no me interesa a mi discutir la Historia del movimiento en sí; considero que para un acercamiento general bastan los trabajos de Gloria Muñoz, Yvon Levot, el número 20 de la revista Contrahistorias y algún dossier de la Jornada o Proceso (mientras escribía estas líneas Proceso editó un número especial a propósito de los 20 años del levantamiento armado). El lector de este artículo tiene por lo menos que contar con estos conocimientos previos.

No entro en el análisis histórico ni en especulaciones teóricas de esto o aquello; mi interés está en la comprensión del alcance que tiene hoy en día, y las lecciones e implicaciones militantes que contiene esta vasta experiencia, además, no es este un debate entre historiadores, ¿no es así?

Dibujo del zapatismo.

En este escrito, el zapatismo es considerado bajo múltiples aspectos ya señalados antes por autores competentes: a) como un grupo político-militar, b) un movimiento campesino de base, c) un movimiento civil nacional-internacional y d) como un símbolo histórico y espiritual (quizá hasta una filosofía).

Zapatismo en Nuevo León

En la localidad, existe el zapatismo expresado en los aspectos c) y d) que se apuntaron renglones arriba, o sea, como movimiento civil y como símbolo; esto independientemente de las disputas libradas por la legitimidad representativa en la ciudad.

Zapatismo para un anarquista

Es para mí el zapatismo un umbral de aprendizaje, un compañero, un aliado, un espejo; también es un movimiento fundamentalmente agrario impracticable tal cual (es decir, en forma de aspecto b) en las ciudades; es también una consideración política permanente por su capacidad de innovación, su seriedad y su paciencia (bajo las formas a, c y d), es un centro de continua atención. Personalmente no soy zapatista ni quiero ser zapatista, e imagino la ironía, la condescendencia o la repulsión de los compas BAZ ante una aspiración así para un compa de la ciudad. El zapatismo es la posibilidad tangible para cualquier anticapitalista.

Convivimos, como intencionados anticapitalistas, en el mismo espacio y tiempo en el que nos vamos dibujando, en la “mexicanidad” y en la relación con el Estado mexicano (naturalmente no en el mismo grado).

Políticamente no lo comulgo, no lo suscribo, pero lo estudio y lo respeto. El trabajo militante del zapatismo es sencillamente impresionante, vasto, serio, mesiánico respecto a sí.

Me parece de lo más complicado opinar sobre el fenómeno zapatista en el terreno económico y ahora mismo no tengo posición al respecto (así de aplastante es la experiencia zapatista respecto a una mera opinión anarquista).

Al observar directamente el trabajo económico de los zapatistas ignoro cuál es el planteamiento concreto del anarquismo en la agricultura fuera de la proclama teórica o de la interpretación histórica (¿no chocaría acaso y en atención a la consistencia interna de las doctrinas y las teorías de un magonista con un zapatista en su opinión respecto a las reformas juaristas?, por ejemplo).

Por principio, el anarquismo descarta el financiamiento de las ONG’s, la pequeña propiedad y demás practicas con las que se sostienen los compas en sus proyectos; esta cuestión es de vital importancia pues al entender la base fundamental de la resistencia zapatista (que yo creo que es el trabajo y el sentimiento mesiánico de sí) el problema se hace claro para cualquier esfuerzo militante serio.

Por posición de clase, la contradicción zapatismo/Estado nos coloca en el mismo bando, pero me parece que hasta ahí. Yo no me trago el cuento de que la tangibilidad por sí es revolucionaria (así de grotesca es mi “arrogancia”); sin embargo, tampoco le pongo altares a lo inmaterial, lo eterno y puro y tampoco me replegó a los principios inmutables de esta o aquella teoría, es simplemente una posición que se reconoce materialista, que intenta ser materialista y coherente con los principios anarquistas.

Zapatismo y Anarquismo

Existe en mi opinión, una aplicación anarquista del zapatismo entendido como d) un símbolo histórico y espiritual (quizá como una filosofía de interés), si consideramos todas las implicaciones que contiene.

¿Cómo aplicaría un anarquista el zapatismo? Hipótesis: en una ciudad como Monterrey y su área metropolitana los anarquistas pueden (y quizá hasta deben) explicar y difundir (por supuesto defender ante ataques del Estado a las comunidades, en la medida de sus capacidades) el zapatismo tal y como lo que es al resto de los olvidados y desheredados: como una posibilidad real de resistir al capitalismo y la posibilidad igualmente real de transformar las formas de convivencia política y social y crear alternativas a las maneras y formas opresivas de gobierno (la Autonomía, el auto-gobierno, etc.).

Me parece que el zapatismo civil regiomontano se ha limitado a intentar extender (o sostener) el esfuerzo autónomo de Chiapas, a reproducir un culto más o menos infantil por las figuras míticas del zapatismo o a ser simples focos de difusión y propaganda. Por supuesto, esta es mi opinión.

Un anarquista debe tomarse serio el problema revolucionario, y como consecuencia de esta actitud no puede limitarse a explicar y/o difundir el zapatismo, sino aplicar sus lecciones en los términos que impone la ciudad: los anarquistas queremos la abolición del trabajo asalariado y la sustitución del Estado (mediante su liquidación integral) por asociaciones autogobernadas, por plantear el programa de manera general y en su aspecto social.

Por tanto, para un anarquista, en mi opinión desde luego, la mayor lección del zapatismo está en el modo de sostener su autogobierno militante, en su manera de resistir.

El gobierno mexicano se ha caracterizado por luchar contra alternativas anticapitalistas por medio de la violencia y la corrupción desde su transformación capitalista, y yo, mientras tanto, comienzo a pensar en los arboles de aguacate que miré, en los cafetales que no observé, en los potreros que recorrí, en la cría de pollos por mujeres que brevemente contemplé, en las tiendas de abarrotes que visité; comienzo a pensar en el irisado abanico de proyectos colectivos que estudié. ¡Qué autonomía la de los zapatistas, que con trabajo y militancia política se sostiene! La capacidad de resistir viene directamente del esfuerzo y el sacrificio.

Campesinos y Revolución

Me pongo a reflexionar sobre la necesidad de una revolución en el campo, que buscaron resolver las distintas doctrinas revolucionarias a lo largo de ya más de 200 años en muchas partes del mundo y no puedo evitar recordar las consecuencias rusas y mexicanas de las tentativas revolucionarias de estos territorios, de la catástrofe campesina.

¿Por revolución entendemos un avance tecnológico cualitativo en la manera de trabajar la tierra a grandes rasgos? ¿Para qué lo querría un campesino que ve en la rebelión y en la resistencia el retorno a las lecciones ancestrales? ¿Qué chingados es el progreso que ha planteado la Revolución?

Pienso en senderos, brechas y caminos impresos en la memoria de hombres, mujeres y niños; yo confuso en la tierra blanda, otros pies recorrían tranquilamente su dilatado hogar, sus rutas hechas de pasos y pasos más.

¿Qué es el progreso cuando bastan sencillas casas para el sueño, el alimento y la familiar convivencia; cuando bastan elaboraciones sencillas para situaciones infinitamente sencillas?

Pienso en el caldo de gallina, el arroz y los frijoles, en las tortillas y las tortillas hechas tostadas, en el pozol,, el atole, el café y el jugo de limón, en las mandarinas, el cacao, las naranjas o en cocos, quizá; en el baño elemental de un río y una enorme taza de té antes de descansar.

¿Hacia dónde va el progreso, qué es el progreso entonces?

Básicas herramientas, algunas, la coa, el machete porque la tierra siempre tiene sus maneras de darse a entender; al ganado rebelde con la soga y la fuerza se le persuade, los brazos de infantes derriban animales; cascada enseguida, el hacha, el machete, la leña aguarda, equilibrio en cabeza por senderos y brechas; el fuego no para y da vida a vivos cuadros de sombras y gente; en la hamaca la espera, sonidos nocturnos de curiosas faunas: indaga el puerco, ya duerme el ave, va reposando tranquila la vaca y el lejano mono canta; y gritan y gritan y gritan los búhos, y si no hay lluvia se ven las estrellas desde la letrina o desde el árbol de aquel que orina: y bajo ese cielo definitivo pienso y pienso en el progreso y sus múltiples significados, y me acuerdo del judío-alemán suicida.

Las cercanas lejanas imponentes y altas montañas, con sus nubes en las puntas me obligan a reflexionar sobre la necesidad de “abolir” o “superar” a un hombre tan integrado en la naturaleza.

Bakunin pensó correctamente que el obrero debe presentarse ante el campesino como un hermano, y pensó también que esta fraternidad albergaba la invencibilidad de la Revolución Social, las reformas juaristas y su relación contradictoria con el tradicionalismo moderno de los zapatistas nos obligan a todos los interesados a replantear las condiciones de una fraternidad de ese calibre, sin tener como consecuencia directa la dominación clasista.

Publicado en #RevistaParadoxa edición 9 / mayo 2016

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