LOS JÓVENES DE AYOTZINAPA COMO VÍCTIMAS. INFORME DEL GIEI

/Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI)

ayotzinapa-lugar de tortugas

Siempre él bien bromista, me decía: mami yo no quiero ser burro, yo quiero ser buey. Le digo ¿cómo? En la vida hay dos formas para trabajar. ¿Cómo dos formas para trabajar? Me dice: mira el buey trabaja con los cuernos, ¿ya te diste cuenta? Que cuando sembramos con el arado ahí vamos. Y el burro trabaja con el lomo cargando. Entonces yo quiero ser buey. Yo quiero trabajar con la cabeza. ¿Y cómo es con la cabeza? Estar en una oficina, papeleos y todo. Y burro trabajar en el campo. Le digo, ah pues está bien. Si tú decides eso, estudia. Dice, yo voy a ser maestro, quiero ser maestro”. E7.

Si bien la historia del caso Ayotzinapa está tejida con los hechos de violencia y destrucción que llevaron a la desaparición de 43 normalistas, al asesinato de otros tres, a las heridas muy graves padecidas especialmente por dos de ellos, junto con otros numerosos normalistas y maestros heridos, normalistas agredidos y sobrevivientes de esa noche de terror, existe una historia previa que es preciso conocer para poder valorar sus impactos.

¿Quiénes son estas víctimas? Para el GIEI es claro que los normalistas en su conjunto tienen características, formas de acción y proyectos mucho más amplios y distintos que los abordados en este apartado, y que debido a que no son objeto de su mandato no son abordados aquí. Sin embargo, conocer más sobre los normalistas es un primer paso para tener una mejor comprensión del impacto de los hechos en sus familias y en la propia Escuela, una caracterización adecuada de las violaciones de derechos humanos cometidas o incluso para comprender mejor las medidas de reparación que puedan tener un impacto colectivo positivo en el futuro. Estas cuestiones están ligadas al proyecto de vida de los normalistas y sus familias, que ha sido referido en numerosas sentencias de la Corte Interamericana como un elemento clave de la valoración del daño y de las medidas de atención a las víctimas. Los relatos de los familiares ayudan a entender algo más de sus motivaciones, características y situaciones vitales que vivían en el momento de los hechos, y sus perspectivas de futuro. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de los normalistas desaparecidos apenas llevaban dos meses en la escuela.

La entrada a la normal

Él pensaba ser maestro. -Ya no quiero que sufran porque es mucho, lo mandan cada mes, cada vez que pedimos dinero, cada vez que pedimos herramienta. Y están ustedes… a veces ni tienen, andan consiguiendo prestado, porque nosotros… Ahora acá me voy solo, creo que ahí me van a dar trabajo, voy a ser maestro. Ya ustedes no se van”. E10.

En el diálogo con los familiares, los motivos para estudiar en la escuela por parte de los normalistas conllevan la evocación de recuerdos como éste. Al acudir a Ayotzinapa, el sueño de ser profesor alimentó las expectativas de muchos de los normalistas que resultaron desaparecidos o asesinados la noche del 26 al 27 de septiembre de 2014.

Papá yo voy a estudiar para que sea yo otra cosa y los ayude, decía. Y por eso él le echó ganas a estudiar”. E12.

Para muchos hijos de campesinos, las escuelas normales suponen una oportunidad de formación y ascenso social, de tener mejores posibilidades para sus vidas. Las condiciones que ofrece Ayotzinapa como oportunidad educativa para campesinos sin recursos están en la base de la decisión de muchos jóvenes de acudir a ella.

Bueno, entró porque él… quiso tener el sueño de ser un profesor, pues. ¿Por qué? Porque nosotros no alcanzamos, ganamos poco, por la chamba que tenemos. Soy campesino. A parte, nosotros desempeñamos otros trabajos, ¿no? Pero para meterse a una universidad, en una escuela… son carísimas, y solamente los que tienen. Y… pues la escuela Normal es de gente pobre, de gente campesina, que no tiene recursos. Y ahí, pues donde él… quiso estudiar en esa escuela”. E38.

Para casi todas las familias de los normalistas, la escuela Normal representa la oportunidad de estudiar para personas con escasos recursos, que lo que es muy valorada. La ausencia de otros medios económicos para estudiar fue señalada por una buena parte de los familiares como una de las motivaciones para elegir la Normal.

El motivo porque se metió ahí, por falta de dinero. Ahí como es escuela… casi la mayor parte de los que entran son los hijos de campesinos que están bajos de recursos y ahí salen los alumnos, ahí salen a defenderse, ahí entre ellos pues se organizan a lo que hacen. De eso lo que le gustó también y sí, mi hermano lo vi contento. Y sí, pues, quería estudiar”. E37

Él me decía que él quería superarse. Que quería salir adelante tanto con nuestra hija, conmigo y que formáramos una familia y que inclusive hacíamos planes juntos, de que en el momento que él egresara de una Normal y ejercer su profesión de maestro, pues íbamos a tener o hacernos de unos gustos ¿no?”. E32.

La motivación de la mayoría tiene que ver con poder contar con unos años de educación y formación como maestro, en un contexto social de ausencia de oportunidades.

En junio iba a terminar su colegio de bachilleres. Y ahí a nosotros como padres nos dijo que él iba a seguir estudiando en Ayotzinapa, porque ahí a todos los hijos de campesinos, pues no se gasta mucho. Ahí dan todo, pues de comer… no más uno iba a conseguir dinero para hacer sus exámenes. Y tener dinero por algo que se puede ocupar”. E11.

Todos ellos trabajan, pero yo no quiero quedarme como mis hermanos. Yo quiero seguir adelante y sé que tú no tienes dinero. A luchas me diste el bachiller, trabajando, lavando, ayudándole a la gente… Y a veces no tenías dinero para el pasaje, tenías que lavar ajeno, tenías que ir a ayudar para que te dieran los $100 pesos para que fuéramos a la escuela. Porque lo de mi papá pues no alcanza, la lucha para comer. Y por eso es que yo quiero…”. E13.

Pues la escuela en el estado de Guerrero es la Normal que apoya a todo… a toda la Montaña, a todos los que no tienen recursos, allá se van, a la Normal”. E33.

Ser maestro

Para los jóvenes, ser maestro es una oportunidad de desarrollo personal pero también de mejorar las vidas de sus familias. Muchos padres y madres comentaron que sus hijos hicieron todos los trámites para entrar en la escuela con la motivación de mejorar la situación económica de su familia, disminuir sus cargas en el presente y proporcionar recursos en el futuro a sus padres, pues la mayoría de ellos viven en condiciones de pobreza y hacen trabajo en el campo.

Eso es lo que queremos, que nos comprendas, que nos entiendas. Para cuando tú seas viejita te vamos a cuidar, porque ya vamos a estar ganando. Y si no te podemos cuidar trabajamos, pero vamos a poner a alguien que te cuide. Y ya, pues me hacían contenta, y les decía. Bueno, pues está bien”. E7.

En el caso de algunos de los jóvenes desaparecidos o heridos, el ejemplo de ser maestro venía de la propia familia. En esos casos, la entrada en la escuela era parte de una identidad familiar compartida.

Ajá, pues él nomás decía que ahí… porque un tío estudió ahí y salió de maestro ahí… ingresó”. E16

De hecho, yo también soy profesora, de ahí a lo mejor a él también le nació, ¿verdad? Yo soy profesora también rural”. E30.

La motivación de ser maestro y el clima positivo en el contexto de esa decisión confrontó, sin embargo, a muchos padres con el sin sentido de una violencia inexplicable, con un nivel de peligro impensable en esos momentos. Algunos de ellos tienen incluso sentimientos de responsabilidad por no haber previsto y por no tener antecedentes de acontecimientos como los sucedidos. Esa necesidad de darle sentido ha conllevado también dudas y malentendidos sobre el riesgo, los señalamientos hacia la normal o los conflictos existentes.

Pero como dice el dicho, desgraciadamente pues antes nunca se ha sabido de eso, de que pues han pasado estas cosas. Estas cosas vienen surgiendo como desde los noventas para acá. Nosotros mismos no entendemos qué es lo que está pasando ahí, uno no sabe, este… el tipo de escuela, porque pues si estudiaron ellos en bachiller, primaria, secundaria y nunca han pasado esos casos. Y no sé ahí cómo ocurrió ese caso”. E9.

La necesidad de buscar un sentido y de entender el por qué de lo sucedido lleva a muchos familiares a pensar que las cosas se dieron por cómo está la Escuela, ya sea por las políticas del gobierno que estarían tratando de limitar su desarrollo o por la influencia de otros actores en ellas, en lugar de responsabilizar a los perpetradores. Se evalúa con una visión retrospectiva sobre la decisión de entrar en esa escuela y se asocia con una información que no se tenía sobre la Normal, como si eso hubiera podido evitar su desaparición.

Quiso entrar para superarse, para no andar como uno de sol a sol en el campo. Y siempre me andaba diciendo -Yo quiero estudiar. Y ya que nosotros le estamos brindando el apoyo y pues lo metimos a la escuela, pero sin pensar que fuera a pasar esto”. E25.

Circunstancias de la decisión

La historia de los normalistas desaparecidos, salvo en un caso que se trataba de un joven de segundo año, era corta. Apenas hacía dos meses que habían superado todas las pruebas y entrado a la Normal. Para los familiares, la historia previa de los exámenes que tuvieron que pasar, la realización de los trámites de inscripción, y las pruebas de selección de los normalistas eran una muestra del valor de sus hijos y de las posibilidades que podría ofrecer el estudio.

Sale la convocatoria allí, los nombres, los nombres de todos, de cada uno que ya se había quedado y él se quedó allí, se quedó y después dice: “uh papá -llegó allá a la casa bien contento- dice, ire ya fui a ver allí, ya salieron los nombres de quiénes se quedaron, dice, yo me quedé, dice, yo me quedé… ya estoy”. E39.

Las circunstancias previas de cada normalista o cada familia muestran las diferentes situaciones vividas y el camino que cada uno recorrió hasta entrar a la Normal. Jóvenes que trataron en varias ocasiones de entrar sin lograrlo, hasta finalmente quedarse ese año. Otros que desde sus estudios de bachiller querían ir a la escuela. Otros, que al no tener otras oportunidades, lograron entrar finalmente. En muchas familias había otros adultos o jóvenes que habían sido antes normalistas, y cuya experiencia previa animó a los más jóvenes a tomar ese camino.

En el año, en el ciclo anterior a éste que le sucedió este percance… él quería continuar, seguir de ingeniero agrónomo, entonces se fue a Chapingo, hizo el examen, lo pasó y continuó ahí estudiando hasta el mes de febrero. Por un 6.6 en un examen que obtuvo, no pudo seguir… porque ahí pedían de 7 para arriba. En las demás asignaturas sí llevaba el 7, pero en esa no la pudo brincar, entonces me lo dieron de baja en Chapingo, y le dijeron: “para el próximo ciclo, te tenemos que descansar uno y para el próximo te nos vienes de nuevo”.

Entonces mi hijo no quiso perder más: “bueno, si ya no pude por la parte del ingeniero, pues ahora le vamos a buscar de maestro… como tú papá”. E4.

En varios casos, la decisión fue compartida por parte de jóvenes que buscaban un futuro mejor. Hay casos en que tres o cuatro jóvenes son del mismo pueblo. En esas ocasiones la decisión de acudir a la escuela fue muchas veces compartida, una forma de apoyarse mutuamente frente a las dificultades del estudio, y para muchas familias era una garantía de que entre los jóvenes se iban a acompañar y ayudar en las dificultades, especialmente en los casos en que las familias viven lejos y los jóvenes se quedaban a modo de internado. En otros casos, como entre quienes son originarios de Tixtla, la cercanía de la escuela genera las posibilidades de que los jóvenes estudien y en las noches vuelvan a sus casas. Por último en otros, a pesar de la distancia geográfica, Ayoztinapa era una referencia positiva para los jóvenes.

Él desde la secundaria quería. Yo tengo un hermano que es maestro. Egresado de hecho de ahí de Ayotzinapa. Y les daba consejos. Que esa escuela era buena escuela pues. Y que ser maestro es bonito porque ayudas a los niños. Y entonces eso como que se le fue metiendo y le fue gustando pues. Y Dani desde la secundaria nos decía que él terminando la prepa, él iba a correr para allá”. E46.

Aunque por normas internas el contacto durante el primer año es más restringido, manteniéndose un funcionamiento colectivo y grupal de forma separada de las familias. Ello ha hecho en la actualidad que varias poblaciones hayan sido especialmente golpeadas por el caso, que tiene un fuerte impacto colectivo en dichos lugares. “¡Papá! Vamos tres de aquí mismo. Ah está bien hijo, para que te cuide, porque tú solito… Porque yo pienso, no es igual digo, yo. No tienen fuerza estar solo allá. No, vamos a ir los tres. Ah está bien -digo. Y allí pues vinieron los tres aquí en la normal a inscribir. De ahí nada más vino a sacar la ficha y después dentro de 8 días 15 días, hablaron por teléfono. Y dijo a mi hijo que vinieran a hacer examen”. E6.

Para muchos normalistas, esas pruebas eran también una prueba para sí mismos, de sus capacidades y de tener un sueño que querían realizar.

Ellos tenían un sueño, de ser maestros. Mi hijo sí, sí tenía ganas. Sí. Muchísimas ganas, porque cuando él iba en segundo de prepa, él me dijo, y yo pues le dije a mi esposa: Ya… se le va a olvidar, vas a ver. No, cuando iba en medio del año me dijo, Papá, me voy a ir”. E16.

En otras ocasiones, los normalistas eran algo mayores y venían de experiencias de dificultades previas al tratar de estudiar otras carreras, ya sea por las condiciones académicas, la falta de rendimiento o el costo que ello suponía. En estos casos, la Normal era la última oportunidad después de uno o más intentos frustrados.

Pero sí, sí se fue y ya regresó un día con que ya tenía la ficha. Estaba contento, pero para eso, como se había salido de la universidad de abogado, mi esposo ya le había dicho que ya no lo iba a apoyar, que pues ya… él iba a ir a buscarle solito… se metió ahí y mi hijo le pidió que le diera otra oportunidad. Hablamos los dos y me dijo: “¿Cómo ves?” Yo le dije: “Pues sí, hay que apoyarlo… pues él quiere, a la mejor ya es lo último, o a lo mejor eso es lo que le gusta, hay que apoyarlo. Porque también sería en vano que no lo apoyemos y él se vaya así a la de me voy.

Pues ya también mayor de edad ¿no? ‘Bueno.’ Y ya, le dijo él: Te voy a apoyar hijo, pero es la última vez. E17. “En la Centenaria. Él era el número 35 y se tenían que quedar nada más treinta. Y que me dice: “Sabes qué mamá, pero tengo otra oportunidad de entrar en Ayotzinapa y pues me voy, me voy y voy a ver si me puedo quedar.” ‘Sí mijo.’ Así que él fue, porque de hecho él ya sabía que no se había quedado en la Centenaria”. E18.

Si bien la mayoría de los normalistas desaparecidos eran muy jóvenes, algunos tenían ya más edad y estaban buscando en la Escuela la posibilidad de cambiar el rumbo de sus vidas y tener un mejor trabajo en el futuro, a pesar de los años de sacrificio que iba a suponer para sus propias familias.

Me dijo, yo ya platiqué con Marisa y pues aquí la alternativa es que tengo que volver a estudiar.- Porque ya venía en camino la niña cuando él… más o menos a estas alturas hace un año me platicó a mí. -Entonces la alternativa- dice -En Tenería no me pueden recibir. Porque, bueno por las causas que hayan sido, ya fui dado de baja. En Tiripetío fui y de algún modo no quedé. Entonces ahorita pues la alternativa más cercana escuela de hombres, lo más cercano aquí al estado de México o al Distrito, es Ayotzinapa”. E23.

La mayor parte de los padres y madres señalaron la importancia que tenía para ellos apoyar a sus hijos en las decisiones sobre su futuro. En una buena parte de las familias, padres, tíos o hermanos habían también tomado el camino de la educación como una forma de promoción social y de sentido y oportunidad de trabajo.

Y él demostró su empatía de que le gustaba ser maestro porque me iba a visitar a la escuela, yo soy maestra rural. La gran inquietud que tenía de ser maestro y pues nosotros lo apoyamos, porque uno como padres pues toca apoyar a sus hijos, ¿no? En lo que ellos decidan y, en este caso, pues nosotros decidimos apoyar a Bernardo para que él siguiera sus estudios”. E28.

La semana de prueba La Escuela de Ayotzinapa tiene su propio proceso de integración, llevando a cabo tres pruebas para poder entrar en la misma.

Eran tres exámenes: el académico, el socioeconómico, que nos van a censar a nosotros como papás en qué condiciones vivimos, y el práctico, que es el que estaba él realizando en el momento de esta… esta desgracia… Así le llaman a esos tres pasos para quedarse en Ayotzinapa… el académico, el socioeconómico y el práctico”. E26.

Muchos de los normalistas desaparecidos eran de primer curso. Los normalistas asesinados o heridos graves eran en cambio de 2º o 3º curso. Los de 1º apenas llevaban un par de meses en la escuela. Eran jóvenes e inexpertos, y acababan de pasar las pruebas que en la escuela se conocen como la “semana de prueba”, donde los jóvenes tienen que realizar numerosas actividades y ejercicios, comer poco y llevan un modo de vida duro. Pasar la prueba, es la medida para quedarse en la escuela, y a la vez muestra sus propias condiciones para la superación.

Pues nos dio gusto que él hubiera quedado en la escuela Normal Rural de Ayotzinapa. Aunque a la vez nos sentimos un poco tristes porque pues las pruebas físicas que hacen ahí pues es muy dura, muy… extremadamente, casi imposible de soportar, porque pues, yo recuerdo cuando él regresó después de la semana de la prueba física, que estaba bien delgado, ¿cómo es?, había bajado de peso demasiado porque él nos aguantó de que pues, la comida era racionada y el trabajo excesivo. Entonces, inclusive le dije -mira hijo, si crees que no puedes estar ahí, te vienes y buscamos otra escuela por acá, ¿no?, en el Itsmo y todo-. Pero pues él dijo –no, pues ya pasé lo más difícil y pues quiero quedarme-. Muy bien, hijo”. E29.

En el relato de muchos familiares, la semana de prueba está muy presente. Por una parte, por la dureza del trabajo, la escasa alimentación durante esos días y las duras condiciones de vida. Por otra, porque pasar o no pasar esa semana es a la vez una medida de la fortaleza de sus hijos, pero también, en una mirada retrospectiva, es el antecedente inmediato a lo sucedido. De hecho, cuando sucedió el ataque y la desaparición de los normalistas eran los primeros días de escuela. El 25 de septiembre empezaron sus clases.

¿Tú piensas que vas a aguantar? Sí papá, yo quiero ir a estudiar, salir adelante. Porque pienso que si me va apoyar quiero salir adelante. Quiero ser maestro bilingüe, porque yo estoy viendo aquí dónde imparten, hay muchos padres de familia, que no tienen nada de cursos. Hay gente que es flojo”. E6.

Las primeras semanas En algunos casos los familiares señalan también un cambio positivo de su propio hijo al participar en la Escuela. Aunque en este mismo caso, la madre veía el entorno conflictivo en que estaba Ayotzinapa y se negó inicialmente a enviarlo a dicha escuela: “él se quería ir a Ayotzinapa. Y dejó de estudiar un año porque yo no quería, porque yo sabía muy bien que esa escuela pues es de lucha. Que los muchachos de primero tienen que luchar porque el gobierno no les da nada”.

Decía que le gustaba mucho. Porque yo le digo que yo no quería eso. Pero él decía -No mamá, está bien chido allá. Está bien suave, nos ponen a trabajar pero ni se siente porque andamos todos trabajando. Hacemos actividades, pero sí me gusta. Pero pues no duraron mucho tiempo, duraron dos meses nada más. Pero a pesar de ser sólo dos meses, mi hijo cambio mucho de manera, más responsable, más serio, más con interés de estudiar. Yo no sé qué les hace cambiar, pues los motivan bien, para hacerlos cambiar y valorar. Porque pues lo muchachos de Ayotzinapa dicen que son vándalos, pero son bien inteligentes. De verdad que son bien inteligentes”. E15.

Durante los primeros meses en la escuela se restringe la relación con los familiares. Muchas familias recuerdan los últimos momentos en que estuvieron con sus hijos, apenas unos días antes en algunos casos, o los mensajes de que el mismo fin de semana 27-28 de septiembre, muchos jóvenes iban a regresar a sus casas para ahorrar recursos para la marcha prevista para el día 2 de octubre. En otros casos, el encuentro se difería hasta las vacaciones de diciembre.

Pues con la ilusión de que él pensaba que ahí era un internado y que nosotros pues… somos de escasos recursos, no tenemos pues, dinero para mandarlo a una escuela de paga. Y él dijo: “No mamá, ahí me voy porque ahí ya investigué que ahí… pues ahí no se paga, nos van a dar internado, hay que ganar la semana de prueba y la inscripción; ya me quedo… y ya ahí voy a estudiar, no le hace que hasta para diciembre, cuando me den vacaciones, hasta entonces voy a ir a… voy a venir a la casa.” Y por eso él estaba bien contento cuando”. E19.

Todas esas circunstancias fueron recordadas por los familiares cuando en las entrevistas les pedimos que hablaran de sus hijos, en un intento de conocer algo más de quiénes eran, más allá del número de 43 convertido en emblemático en México y el mundo, y de ser estudiantes con características compartidas con otros. En este contexto las descripciones de los familiares nos acercan al perfil de las víctimas y el modo en que desarrollaban sus actividades, el sentido y motivación que para ellos supone la Escuela de Ayotzinapa.

Mi hijo cuando entró a la escuela dio un cambio, cambió bastante mi hijo. Ya se portaba más buena gente, más cariñoso, platicaba mucho. No sé a qué se debió ese cambio, si porque lo trataron mal ahí, porque según ahí dicen “para que sí sepan valorar a sus padres y lo poco que les podamos dar lo valoren y no estén pidiendo más”. No sé si ahí aprendió eso, pero dio un cambio bastante, mucho”. E22.

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Conciencia social

En otros casos los normalistas ingresaron con una clara motivación de ser maestros y una conciencia social frente a la situación de pobreza y miseria en sus comunidades.

Y para estudiar en la Normal su decisión es prepararse para salir un maestro. Esa es su decisión”. E14.

Pero también quiero ser maestro, porque hay lugares, mamá, muy marginados, dónde hay bien poquitas casas y esa gente no sabe leer, ni escribir, ni sabe nada. Es por eso que yo quiero ser maestro, para que yo vaya a esos lugares a darles clases”. E38.

En esos casos, como en el de este normalista proveniente de una comunidad indígena, la motivación estaba unida a la consideración de la educación como la posibilidad de ayudar a superar esas barreras de la exclusión social y educativa.

Dice que quiere aprender español, quiere ayudar la gente de comunidad. Por eso dice también: -Allá en mi pueblo hay mucha gente de pobre, pero no entiende de español nada-. Por eso, entre otras gentes, hace lucha de estudio, pero él entiende el español, por eso él quiere ayudar, por eso estudia en la Normal”. E20.

En otros casos, hay un claro reconocimiento al tipo de formación que brinda la Normal y a la importancia de esta educación para las comunidades más pobres y vulnerables social y económicamente del propio estado de Guerrero.

Yo como ciudadana puedo decir que la escuela es formadora de maestros, rica en sabiduría, sí se leen muchos libros en esa escuela. Los maestros que egresan de esa escuela son muy buenos, van a las comunidades más alejadas. Yo he conocido maestros de otras Normales y no quieren ir a trabajar. Tengo compañeros egresados de esta Normal que suben los cerros hasta allá donde no hay luz y los corretea un animal. Eso debe de ser un maestro. Y esa escuela los forma para eso”. E30.

En otros, predominaba el trabajo con los niños y niñas como motivación profesional en el ámbito educativo.

Quería trabajar con niños, le gustaban mucho los niños. Esas veces cuando veía así a los niños que andaban pidiendo su calaveritas. Le gustaban los niños, convivía con ellos. Inclusive se los llevaba a la Normal, a la escuela a las canchas a jugar”. E40.

Los relatos de los padres y madres, si bien están influidos por el amor hacia sus hijos, también muestran decisiones maduras de jóvenes que tienen conciencia de la situación de sus comunidades y que buscan en la educación herramientas para transformarlas. Entender estas motivaciones y la propia identidad de la escuela es clave para valorar no sólo la acción contra ellos en su contexto más amplio, sino el propio carácter de los normalistas en la tradición campesina de México.

Mami, yo quiero estudiar, porque usted se ha partido la madre siempre para sacarnos adelante. Y yo ya no quiero que usted sufra, por eso yo voy a estudiar para maestro y quiero que me apoye estos cuatro años. Cuando yo termine yo voy a trabajar, porque yo quiero ir a esa escuela de lucha para enseñar a los niños de por acá donde vivimos nosotros. Donde los maestros no llegan, que son hijos de ricos, y yo como campesino quiero enseñarles a mis compañeritos todo lo que yo aprenda, compartirlo con los niños”. E43.

Identidades y estereotipos De acuerdo con los testimonios, el contexto de la Normal no es estable, sino que está sometido a diversas limitaciones, igual que sucede con las otras normales rurales, donde hay escasez de recursos o bien la situación política local permea en la que se inscribe en cada región o Estado donde están. En el caso de Guerrero, los familiares relatan distintas acciones llevadas a cabo por los normalistas en defensa de sus derechos y de la continuidad de la educación que en ellas se da.

Pues bueno, ellos… manifestándose a veces, su pliego petitorio. Por ejemplo, que si a la escuela le están reduciendo matrícula, ellos luchaban por eso. Que si a la escuela no le llegó esto pues luchaban por eso. Por pliegos petitorios, o sea, no agrediendo, como se ha dicho, como lo ha dicho el gobierno. Y pues aquí en México, como sabemos, hay que defender nuestros derechos en contra del gobierno, porque si no, éste viene y nos pisotea por el simple hecho de ser… bueno ahora sí que gente de bajos recursos económicos. Entonces él por eso decidió entrar a esta escuela. Pero nunca nos imaginamos que fuera a pasar esto”. E30.

Con respecto a ciertos estereotipos respecto de los normalistas como jóvenes que no quieren saber nada de las instituciones del Estado, la realidad es que en varios de los casos los normalistas estaban barajando entrar en el ejército o la marina antes de entrar a la escuela, incluso uno de ellos había sido antes soldado, mostrando categorías cruzadas que se dan en muchos casos entre la población pobre campesina.

La verdad, mi hermano estaba así, ¿no?, indeciso de dónde estudiar y él no sabía y ya se estaban acercando las fichas. Yo me preocupaba pues, yo como soy uno de sus hermanos, me preocupaba por él, le digo: “¿Dónde vas a estudiar?”. Había varias opciones, estaba entrar, la Marina… Primeramente lo que él quería, por lo que se inclinaba, pero pues, lo que él quería pues no estaba dentro de las posibilidades de la familia, entonces pues él se inclinaba mucho a lo que era la Marina, era algo que a él le llamaba pues la atención, pero debido a la economía este pues Aldo no pudo, pues”. E31.

Los padres y madres entrevistados relatan que los normalistas estaban contentos, comenzando sus actividades académicas. Habían tenido su primer día de clase el día 25. “Sí, estaba contento cuando ya había terminado la semana de prueba. Y yo me imagino que todos sus compañeros, todos, estaban contentos, porque hay unos padres que también dicen lo mismo. Que estaban contentos, que ya ahora sí ya van a empezar a estudiar, ya no los van a hacer correr como cuando en la semana temprano los llevan a correr, los llevan a otro lado, los ponen a trabajar”. E34.

El impacto en los sobrevivientes.

El impacto de la violencia sufrida por los normalistas sobrevivientes no ha sido evaluado específicamente. Los tres normalistas asesinados y los 43 desaparecidos son las víctimas directas de los hechos. Sin embargo cabe señalar algunos datos que los muestran tanto las víctimas sobrevivientes de los hechos, como el impacto en la propia dinámica de la escuela y el resto de los alumnos, o la promoción y matrícula para el nuevo curso. Por una parte, un grupo de unos 40 normalistas sobrevivió al primer ataque en la calle Juan N. Álvarez, la mayor parte de primer curso pero también algunos de segundo y tercero. Otros 14, todos de primer curso menos uno de segundo, sobrevivieron en el escenario cercano al Palacio de Justicia y fueron luego perseguidos y sufrieron disparos de armas de fuego en la colonia 24 de febrero. Posteriormente, con la llegada de tres Urban de estudiantes de Ayotzinapa para apoyar a sus compañeros, otros 30 normalistas más, la mayor parte de segundo, tercer y cuarto curso, fueron víctimas del segundo ataque sobreviviendo a los hechos, mientras tres eran asesinados y uno de ellos torturado con crueldad extrema. En ambos episodios al menos 3 normalistas sufrieron heridas graves y uno más heridas de extrema gravedad que lo mantienen en coma. Todos estos hechos generaron terror en los sobrevivientes. Mientras en medio de los ataques, los sobrevivientes trataron de mantener la calma y resguardar los lugares y pruebas del mismo, o llamar a sus compañeros normalistas y recibir ayuda de maestros y otros estudiantes que llegaron, también se encontraban aterrados por los hechos y mostraban una fuerte afectación, a pesar de su actitud frecuentemente estoica y resistente. Los hechos tuvieron un enorme impacto individual pero también colectivo. Los normalistas regresaron al día siguiente a la escuela abrumados y golpeados por lo sucedido. Del conjunto de normalistas, de 140 alumnos de primer curso, 42 son desaparecidos y uno asesinado. De segundo y tercer curso hay un desaparecido y dos normalistas asesinados. Dos heridos son de primer curso y otro de segundo curso y otro de tercero. Eso muestra la extensión del impacto que si bien se concentró en los jóvenes de primer curso en el caso de los desaparecidos, también se extendió al resto. En las entrevistas con maestros y equipo directivo de la escuela se señaló que los jóvenes de ese primer año estaban muy comprometidos con el estudio y la escuela, a pesar de que llevaban poco tiempo. También señalaron cómo los normalistas son objeto de calificativos despectivos en otros contextos (“ayotzinapos”). Algunos normalistas que sobrevivieron se retiraron de la escuela por el miedo a las consecuencias así como por el impacto traumático sufrido. En varias de las entrevistas y grupos focales realizados para esta investigación por parte del GIEI fue evidente también el impacto de los hechos. Los normalistas fueron también víctimas del ataque, sobreviviendo a atentados contra sus vidas. Haber sobrevivido su capacidad de afrontar las consecuencias, no significa que no hayan sufrido un enorme impacto. La alteración del estudio y las dificultades para poder sacar sus cursos adelante han sido solo una muestra de las secuelas sufridas.

Esos impactos fueron incluso evidentes en actividades de investigación realizadas por el GIEI. Mientras se desarrollaban las entrevistas colectivas que se centraban en la reconstrucción de los hechos, algunos normalistas entraban y salían, en lo que parecía una falta de concentración en la discusión, pero en realidad eran muestras también del impacto traumático. Es que para nosotros hablar de esto también es duro. Es volver otra vez al escenario de los hechos, a aquella noche. Es duro hablar también. Y no hemos podido hablar de todo eso así como ahora. Pero sí es duro. Grupo focal, Ayotzinapa, julio 2015. El GIEI también fue testigo del impacto al volver al escenario del lugar, para realizar una inspección y reconocimiento de las diferentes escenas de los hechos, acompañando al GIEI. Estas situaciones, frecuentemente minimizadas, deberán ser tenidas en cuenta en el futuro en las demandas de atención o las formas de reparación colectiva para los normalistas o la propia Escuela. debido a las graves violaciones de derechos humanos sufridas colectivamente. Muchos de primero ya se fueron como consecuencia de los hechos. La N., La P., la J., eran de segundo también. Y ya 9 meses después muchos chavos no quieren hablar porque ya fueron amenazados. P. Normalista de Ayotzinapa. Un aspecto particularmente relevante es el riesgo de revictimización que viven algunos de ellos, especialmente quienes han tenido un papel más relevante, han sido más conocidos o tienen puestos de liderazgo organizativo. En las entrevistas con el GIEI, varios de ellos refirieron que han sido amenazados después de los hechos, especialmente a partir de noviembre de 2014, y hasta la actualidad. Marcaron por teléfono desde números extraños, a mi me marcaron diciendo que a F.O. lo iban a matar, amenazando a sus hermanos, a su mujer. Le entregamos a la gendarmería en Iguala para que investigara esas amenazas. Eso pasó cuando iban a hacer la búsqueda, incluyendo los números desde los que nos llamaron que eran de Acapulco y de Morelos. P. Normalista de Ayotzinapa. A mí me amenazaron como en tres ocasiones, diciendo que la cosa no se había acabado, que el cártel sigue vivo, no saben con quienes se metieron… y cosas así. O. Normalista de Ayotzinapa. Desde que a mí me nombraron, también: que nos dejemos de chingadera, que el cártel sigue vivo, ya sabemos quiénes son, que ya conocemos a los dirigentes, que ya sabemos donde viven… M. Normalista de Ayotzinapa.

Consecuencias en los familiares de la desaparición y ataque a los normalistas

Yo lo que puedo decir ahorita, donde quiera que esté mi hermano, que tenga fuerza y que tenga la esperanza de que pronto lo vamos a encontrar. Y si regresa mi hermano con vida, seré muy feliz, con mi hijo, con mi esposa, toda mi familia. Lo agradeceré a Dios y a todas las personas que nos han apoyado. Aunque si perdió la vida, igual agradecerle a toda la gente. Pero debo ser positivo mientras no haya pruebas. Y aquí debo estar con los padres y luchar, encontrarlos. Y lo único que quiero decirle de mi hermano, que lo quiero mucho, que no piense él que lo estamos dejando. Toda mi familia tiene la esperanza de que regrese pronto. Mi mamá, mis hermanitos preguntan por él. Yo lo único que hago con mis hermanitos es decir, que está bien, que pronto va a regresar, que no se preocupen. Y esa es la esperanza que tienen mis hermanos, mi hermanita ¿qué le puedo decir? Es todo”. E37.

La noche del 26 de septiembre, los padres y madres de los normalistas que viven en Tixtla, se empezaron a encontrar en Ayotzinapa. Un carro de la escuela iba por la ciudad avisando a los familiares que algo grave había pasado y que se dirigieran allá. En la madrugada, las primeras informaciones todavía confusas, los primeros encuentros con normalistas sobrevivientes que estaban en estado de shock después del horror vivido. A la masividad del hecho, se sumaron las distintas informaciones y versiones sobre los hechos, el número de desaparecidos y la identidad de los muertos y heridos, confrontando a las familias con el espanto de lo sucedido, de una forma totalmente inesperada y súbita.

Otros familiares se enteraron de lo sucedido los días siguientes, debido a la distancia y el aislamiento de sus lugares de vida. Los primeros días de búsqueda, movilización, demandas frente al Estado, fueron descritos por los familiares como un terremoto en sus vidas. La sensación de incredulidad y de que iban a encontrarlos pronto, suponía un vaivén entre la perplejidad y la movilización. Al día siguiente de los hechos, los familiares empezaron a realizar sus búsquedas, de forma conjunta con autoridades del Estado. En uno de esos episodios, entre el dolor y la rabia por los hechos, identificaron a un hombre en moto que los seguía y hacía fotos de las familias, quien resultó ser un agente de inteligencia militar.

Quedamos en shock. Quedamos con una depresión grandísima, con una angustia, con un dolor de decir ya perdimos a nuestro hijo de esa manera. O sea, ¿cómo es posible que pierda uno un hijo de esa manera o que haya gente tan mala que haga ese tipo de cosas? Pero ya los fuimos analizando y, afortunadamente, seamos cómo seamos los padres de familia, nos echamos la mano cuando nos vemos caídos”. E6.

También confrontó a los familiares con la identificación de la responsabilidad. ¿Quién ha sido? ¿Quién ha hecho esto posible? ¿Por qué? ¿Dónde están?

Sí, pues ella se sintió más mal por todo, de hecho andábamos tristes. Yo andaba triste… desde el principio yo… ahora sí ni comíamos. A saber qué, después… que están secuestrados, están desaparecidos. Ahora sí no sabemos, quién se lo llevaría, bueno… Y a veces nosotros culpamos a otro lado. Como dice, la delincuencia, ¿no? Aquí fue directamente el Estado, el gobierno sabe esto… así que ellos saben dónde los tienen. Pues de ahí para acá, así vivimos. Y yo pensaba “pues van a regresar a lo mejor de aquí a 8 días”, no pues sigo 8 días aquí y nada… y así fuimos, y así fuimos”. E2.

A pesar de la investigación llevada a cabo por las autoridades, la falta de respuesta a las preguntas ¿qué pasó realmente?, ¿dónde están? sigue siendo hoy en día urgente para las familias: la ausencia traumática de los normalistas junto con la falta de respuestas claras sobre lo sucedido y su destino ha generado un fuerte malestar psicológico que se mantiene en el tiempo.

No saber nada y que ya vamos para 8 meses, no saber nada de él… en dónde está, cómo está o qué pasó con él, pues la verdad, sentimos… fuerte, el dolor fuerte, fuertísimo el dolor. Este dolor es muy, muy doloroso…muy desastroso en el hogar de nosotros, porque todos nosotros ya no trabajamos como es, a veces por ejemplo, anda uno trabajando pero con tu mente por otro lado, a veces hasta cuando agarras el machete te llegas hasta lastimar un dedo porque pues andas pensando: “cómo, en dónde está mi hijo”, y la verdad, no, no trabaja uno… al cien como antes lo hacíamos”. E4.

Muchos familiares comparan en sus descripciones la situación de pobreza anterior, pero con una cohesión familiar y el poder vivir juntos, con la creada tras la desaparición y el asesinato de los normalistas, como un sufrimiento que se prolonga en el tiempo, y que afecta a los familiares como personas y a la familia como espacio colectivo de vínculos y relaciones de afecto y solidaridad.

Esta situación afecta a la familia entera. Y, como le digo, antes de esto éramos pobres pero felices. De aquí para acá yo siento que ya no. Yo siento que todo cambió. Y el día de mañana que nos vayan a dar la noticia, quién sabe cómo cambiará. Yo sí he dicho que antes yo tenía otra vida, después de esto ya está difícil recuperar mi vida de antes… ¿Qué más voy a hacer aunque me aguante el dolor? ¿Cómo a mi hijo le quitan sus sueños así? ¡Caray! Él iba a ser maestro, estaba bien contento. ¿Cómo se los arrebatan así? ¡Qué coraje me da!, la verdad”. E30.

Si la desaparición forzada es un delito permanente mientras no se ofrezca información clara y fiable sobre el destino de la persona, se devuelvan sus restos y se investiguen los hechos y responsabilidades, psicológicamente la desaparición conlleva un estado permanente de incertidumbre y sufrimiento que ha sido asimilado a una forma de tortura psicológica.

Mire hasta la fecha. Le digo, no sé, la mente no puede descansar. Mi mente aunque… no vengo, pero mi mente no puede descansar. Le digo, yo quiero que regrese como sea, le digo, total, lo que Dios decida. Yo digo que tenemos derecho a morirnos pero no en esa forma. Imagínese, sufrió aquí, no les daban de comer, los trataban bien mal. Aquí hay mucha violencia. Así estuve como un mes, dos meses, tres meses. Desde entonces ya no siento nada. A veces siento que llega corriendo a la casa. En la tarde le dejo la puerta abierta y nunca llega. Pero siento que él está vivo y que él va a regresar. No. Y siento que sí está vivo”. E14.

El impacto de los hechos se prolonga hasta hoy en día. Los asesinatos y desapariciones forzadas de sus hijos y familiares han tenido un impacto brutal en sus vidas y han extendido el impacto en sus familias y comunidades.

No nada más nos afecta a nosotros, nosotros tenemos familia, tenemos hermanos, tenemos papá, sus abuelitos, entonces todo eso llega a los teléfonos y suenan y suenan llorando, o sea, está afectando a mucha gente, no nada más a 43 padres, 43 madres; nosotros tenemos mucha gente y eso es lo impresionante de este…”. E12.

Las desapariciones y asesinatos especialmente tienen un enorme impacto psicológico individual en cada uno de los familiares, pero también en la dinámica, comunicación y funcionamiento de las familias. Los impactos más visibles se dan en los padres y especialmente en las madres que viven esa pérdida con un profundo dolor y desasosiego.

Siempre las madres cómo que sufren más. Uno se hace fuerte, pero no, no es fuerte también. Uno trata que ellas no vean que estamos iguales, les da uno valor, pero no. Ella sufre mucho, mi esposa iba saliendo de la muerte de nuestro hijo hace 4 años. Se le andaba queriendo como olvidar, sucede esto y otra vez está sufriendo enfermedades, se ha puesto mala”. E33.

Las consecuencias en los hermanos, y en algunos casos en sus propios hijos, extienden ese impacto en toda la red de relaciones y vínculos afectivos.

Pues ahora sí que, el otro, el mayorcito, el que le sigue que tiene diecinueve años, en un principio yo lo vi mal. Siempre estaban juntos. Es como yo, ¿verdad?, si me llevo con mi hermana y mi hermana me falta, pues claro que me va a afectar. Yo sentí que lo afectó mucho esta situación. Lo afectó mucho. Yo considero que él está muy triste, aunque a veces no lo demuestra. A veces cierto coraje. Siento que también es porque quiere ver a su hermano y no lo ha visto. Pues, la verdad, yo lo siento muy afectado. Y en cuanto al chiquito que traigo de cinco años, el otro todavía es bebé, todavía no sabe nada, pero el de cinco años también, a veces me pregunta ¿Va a volver?, ¿y mi hermano, pues?, ¿cuándo va a volver?”. E30.

El impacto de la pérdida afecta también a los niños y niñas de las familias. Si bien esos impactos y duelos son más invisibles, tienen consecuencias en el desarrollo infantil, estado afectivo y rendimiento escolar.

Porque también el niño iba a veces con él… porque ahorita también él ya casi no quiere ir a la escuela. Porque dice que él extraña a su papá. Y él antes de que entrara dijo que le iba a echar ganas para que también el niño viera que su papá iba a estudiar, y que también él le echara ganas. El niño pues hay ratos que en la escuela llora, no quiere entrar, porque él extraña a su papá”.E5.

Muchas veces esos impactos se manifiestan a través del rechazo a estudiar, el llanto, o la vivencia de la pérdida como una ausencia que no se puede “llenar”.

Cuando venga te voy a traer una muñeca… ‘Ah, bueno.’ Como ella casi no puede hablar bien todavía, no le dice Carlos, le dice Cajlo. Luego que pasó esto, me dice mi esposa: -Quiere hablar Bety contigo-. Le digo: A ver. Dice: -¿Papá y Cajlo?-. Aquí está, está estudiando. -Dile si me va a traer la muñeca-. Sí… ya te la va a llevar. Cuando él vaya, te la va a llevar. Puro así, pero pues la gente ya le dice que su hermano está perdido. Y así y así, como va creciendo ya, se va dando cuenta, y como ve a su mamá llorar, dice: -¿Por qué llora mamá? No… no está Cajlo-”. E16.

La desaparición forzada supone una pérdida incierta que los padres y madres tienen que explicar a los niños y niñas. Pero esa ausencia y el dolor que genera no encuentran las palabras adecuadas para expresarlo y explicarlo. Las explicaciones frecuentemente pueden dar una respuesta en un momento, pero generan muchas preguntas más adelante. Mientras se mantiene la situación de incertidumbre, las explicaciones de los hechos están sujetos a ella.

Sí. Porque como la niña, pues también dice -¿Mí papá? ¿Lo tienen los policías?- Le digo sí, pues, pero no sabemos cuándo. Ya también el niño pregunta”. E12.

De esta manera, los padres y madres tienen que enfrentar su propio impacto y manejar el impacto psicológico en sus otros hijos o familiares.

Pues al principio ellas estaban más tristes, de hecho, ellas ya no querían ir a la escuela. La más grande, dice: -¿Sabes qué, mamá? Voy a dejar de estudiar para… porque siento que las letras no me entran, no me concentro, no me siento bien-. Le digo: ¿Pero tú crees que tu hermano si estuviera aquí, eso habría de querer para ustedes? Debemos de ser fuertes y echarles más ganas, para cuando él llegue… estemos bien, emocionalmente y darle energía a tu hermano igual. Así es que nosotros debemos de ser pacientes y ser fuertes para soportar esto hijas. Y sí, pues lo han entendido, ellas han seguido con su escuela. Pues hasta ahorita me han dado buen resultado, no han bajado de calificación, se han concentrado”. E18.

Las consecuencias familiares pueden verse en este ejemplo, en las distintas maneras de enfrentar el dolor y los impactos individuales y en la dinámica familiar.

Viera como es de doloroso. Mi hijo, el que anda aquí, se ha dedicado a puro beber, a puro beber, ¿por qué cree que me lo traje? Porque puro borracho mi hijo, ahora que pasó esto. Él bebiendo, bebiendo y bebiendo. ¡No más imagínese cómo está afectando a la familia! Yo me pongo a pensar, mi suegra la viera cómo está quedando de flaquita. ¿Por qué? Por estar pensando en su nieto. Que cómo esta, que cómo lo tienen… y si viera cómo está la señora, no come, me da lástima. Le digo -coma usted-, yo le doy ánimos, -su nieto va a llegar y va a querer verla buena-. Y así le doy ánimo para que coma, pero se está acabando la señora. Y es lo que yo siento, siento feo porque nos está consumiendo”. E24.

El hecho de que las desapariciones se hayan dado contra normalistas que querían ser maestros y estaban estudiando, hace que algunos familiares tengan una actitud de mayor protección frente a sus hijos o incluso quieran evitar que estudien en otra escuela asimilable a Ayotzinapa.

Está en la secundaria el otro, ya va a terminar este año. Ya también a veces uno dice… su mamá pues por el miedo, dice, -no, mejor que no estudie-, no, pues cómo, que estudie pero ya en otra escuela, mejor… o cerca de ahí, mi hijo, porque pues… Ahorita ya, como dijeron, pues quedó un miedo, nos quedó un miedo, pues”. E2.

Pues mi hijo, pues él solito, ahora sí que él solito se está viendo. Es el que anda conmigo ahorita. El ya no quería estudiar, pero le dije que tenía que seguir, así que pues él solito, se hace de comer, se lava”. E9.

Frecuentemente los familiares tienen que manejar su dolor hacia dentro, guardándolo y no expresándolo o tratando de hacerse fuertes frente a los otros, a fin de mantener las demandas frente al Estado y continuar con las movilizaciones colectivas. El GIEI ha sido testigo en numerosas actividades llevadas a cabo con los familiares de esta capacidad de contención y también de la necesidad de encontrar espacios de expresión y respuestas a sus demandas.

Ya quiero verlo llegar. Y nos fueron guiando en eso. Que la espera pues, que a veces pasan años y hay que saber esperar. En estos momentos aunque aún en el estado de ánimo lo sentimos, a pesar de todo, hay que saber esperar. Porque si no sabemos esperar, entonces pues nos vamos a matar, ¿verdad?, pronto. O sea, una enfermedad o algo. De hecho, nos han ayudado ellas, las psicólogas, las de Médicos sin Fronteras. Tenemos también ahí a Ximena, también nos ha apoyado en algo de esto. Y creo que eso ha sido lo más”. E30.

Si bien la fortaleza de estos meses ha sido una muestra de su capacidad de resistencia, también se necesitan medidas de acompañamiento y atención psicosocial de confianza y con experiencia en casos de violaciones graves de derechos humanos como son los casos de desaparición forzada.

Pues ahora para nosotros es difícil, pues día con día hay ratos en que nos sentimos bien, hay ratos en que nos sentimos mal. Pero pues ahora sí, hay veces que nos dan ánimo los niños o hay veces que nos queremos poner tristes… Yo le digo a mi nuera, casi una semana cuando pasó esto, ella no quería comer. Pero después le dije –mira, ¿sabes qué?, hazlo por lo niños, porque ellos te ven que tú lloras, tú te pones mal… y mejor tú has como que no. Aunque por dentro solamente tú sabes lo que sientes, por fuera tu sal a demostrar a los niños que está todo bien-. Y sí, pues así la vamos llevando, día con día. Para nosotros es desesperante el ver que ellos no aparecen”. E5.

También ha supuesto tener que manejar las explicaciones y el sin sentido hacia dentro de la familia en algunas ocasiones. Cuando no se encuentra sentido al hecho traumático, las personas pueden buscar explicaciones sencillas o atribuciones de responsabilidad en otros. Si bien esos son formas de dar sentido a algo que no lo tiene, pueden también generar nuevos conflictos, y los familiares de desaparecidos tienen que aprender a manejar esas versiones y presiones en diferentes entornos, como muestra el siguiente ejemplo. “[El padre] está fuera del país. Me llamó para reclamar, para reclamar por qué lo dejé ir a la escuela. Contesto la llamada, dice -Soy Miguel- Ah, sí, -¿Por qué lo dejas al chamaco estudiar? Ahorita está desaparecido-. Yo no tengo ganas de platicar. Yo le dije -Si estuviera en tu lugar, ni hubiera marcado-. Solamente eso le dije”. E7.

Muchos de estos impactos se dan también en los familiares de normalistas que fueron asesinados. La crueldad y tortura sufrida por Julio César Mondragón o los disparos a quemarropa contra Julio César Ramírez y Daniel Solís también confrontan a los familiares con detalles del horror que tienen un enorme impacto psicológico.

Hasta ahorita no, no lo podemos superar, no lo podemos superar, es un trauma. El simple hecho de pensar en el momento, en sus últimos momentos de vida de él, cómo lo masacraron, cómo lo asesinaron, lo torturaron, lo golpearon… No sé, es…, es algo que… Como humanos, no creemos, no es posible que haya gente que se ensañe con una persona así. Desarmados, ellos policías muchos, con toda la ventaja, con todo… O sea, no es posible que haya gente tan desalmada que pueda hacer esas cosas, ésa es la verdad”. E23.

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