PERSECUCIONES AL PERIODISMO LIBRE, EL GOBIERNO MEXICANO QUIERE SILENCIAR LA VERDAD

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/ Eurístides De la Cruz

El reciente asesinato del fotoperiodista Rubén Espinosa sucedido en el D.F., después de los hostigamientos y amenazas que sufrió en el estado de Veracruz por parte del gobierno a causa de su labor periodística enfocada en movimientos sociales, sumado a los distintos atentados a la libertad de expresión que acontecen en el país, nos alerta como ultimatum a actuar ante la desbordante impunidad con la que el paramilitarismo sigue operando en el país para el beneficio de las mafias políticas y empresariales, no necesitamos una evidencia más clara para reconocer que el gobierno mexicano quiere silenciar la verdad persiguiendo al periodismo libre.

En lo que va de la administración de Javier Duarte como gobernador de Veracruz, los casos de homicidios de periodistas suman 15 víctimas, a tal grado que se le ha otorgado a dicho político el apelativo de “el mata periodistas”, tal situación ha llamado la atención de organismos de derechos humanos, sin embargo, con descaro autoridades y medios mercenarios de la comunicación han adjudicado tales crímenes a grupos delincuenciales desvinculados del autoritarismo gubernamental, minimizando a estas muertes como hechos aislados y aleatorios de la violencia social, cuando es inminente la necesidad de que se llame a ese detentador del poder junto a sus cómplices al banquillo de los acusados.

Hay que destacar que las garantías para ejercer el periodismo son nulas no únicamente en Veracruz (primer lugar en ataques a la prensa), sino en todos las entidades de la nación, en los estados del norte del país, donde la farsante lucha contra el narcotráfico ha tenido graves consecuencias sociales, el periodismo ha tenido que imponerse una autocensura sobre ciertos temas de violencia como una medida para preservar la vida y la integridad tanto de los y las comunicadoras como de sus familias; tan sólo en 2014, de acuerdo a datos de Article 19 se registraron 12 asesinatos a periodistas en los estados del noreste (Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas).

Como reacción al crecimiento de la violencia, mismas empresas de la comunicación de ésta región han establecido una obligada autocensura dentro de sus líneas editoriales, si se evade ese silencio forzado, los efectos no tardan en manifestarse: Instalaciones de medios baleadas o granadeadas, desapariciones forzadas, torturas o asesinatos de colaboradores, ese es el dilema que viven miles de periodistas, callarse o sufrir las consecuencias, peor aún, esta autocensura ha superado la restricción de hablar de delincuencia, porque se está en una realidad en que las mismas autoridades sean municipales o estatales están vinculadas a instancias delictivas y pueden hacer uso de ellas para reprimir a esos periodistas incómodos que evidencian los malos manejos burocráticos o manifiestan el descontento popular, este fenómeno sucede en el norte, en el centro y en el sur del país, el mal gobierno que persigue al periodismo sí sabe coordinarse federalmente para ese fin, pero no para detener tanto atropello a los derechos fundamentales.

En la edición número 40 del periódico revolucionario Regeneración, impresa el 31 de mayo de 1901, el periodista Ricardo Flores Magón expuso una explicación fundamental del problema de las persecuciones a la prensa que sigue tan vigente en antaño como ahora, dice así:

Los gobiernos justificados, aquellos cuyos actos y cuya conducta responden a la opinión general y al sentimiento público, no temen ni pueden temer a la prensa. Esta puede reducirse a dos clases: periódicos que se inspiran en las ideas generales, que censuran lo que pugna con el modo de pensar del país y enderezan sus vuelos hacia aquellos ideales que representan las aspiraciones nacionales, y periódicos que, haciéndose eco de sentimientos personalistas, representan una pasión y no una idea: los primeros no son de temer para un gobierno honrado; los segundos, por si solos, y sin necesidad de presiones, de persecuciones, de atropellos a la ley, caen en el desprestigio y sólo llevan consigo la simpatía de los apasionados.

Pero cuando los gobiernos son oligárquicos; cuando representan sólo una banda famélica, enseñoreada de los asuntos públicos, cuando la opinión es menospreciada y las libertades sólo existen en el papel, entonces el periódico de combate significa una impertinente censura que es preciso enmudecer, porque la verdad suena mal siempre en los oídos de los culpables por alto que sea su pedestal, por acostumbrados que estén a la lisonja, por refinada que esté la adulación y por desposeído que esté el país del sentimiento del honor y de la corrección en asuntos públicos.”

Las palabras de Magón, dan en la esencia del problema que sufre la prensa libre por vía de los gobiernos, un gobierno popular no necesita de aduladores porque sus hechos hablan por sí mismos y es el pueblo quien decide su propio destino, pero un gobierno autocrático siempre busca rodearse de la protección mediática de la gran industria comunicativa para que esté a la defensa de sus intransigencias y arbitrariedades. El gobierno mexicano actualmente en sus diferentes niveles es partícipe de ese proceder autoritario, fomenta una comunicación que no es periodismo sino meras relaciones públicas que protegen la corrupción y todo tipo de injusticia, pero y, ¿qué hacen con la expresión incómoda de medios y periodistas libres?, amenazarla, atacarla, criminalizarla, asesinarla; para el gobierno autoritario la comunicación libre, emergida desde abajo no merece respeto, es un enemigo a destruir, para nosotros y nosotras, que defendemos el ideal libertario, la comunicación libre es una acción directa imprescindible para construir una mejor sociedad.

Estas condiciones que se nos presentan en las diversas latitudes, no ameritan ser motivo de desilusión, sino de lucha, porque la persecución a los medios y comunicadores (as) libres no es exclusivo de nuestro tiempo, ha sucedido en todos los tiempos y contextos, en respuesta, si ellos quieren que nos desmovilicemos, organicémonos aún más, si quieren que nos debilitemos, fortalezcámonos más; una democracia sin comunicación libre no es democracia y si queremos construirla defendamos nuestra expresión, nuestra libertad y la integridad de quienes sí nos informan, seamos artífices de esa sociedad libre y justa que no conviene a las élites porque pone en riesgo sus vergonzosos privilegios, bien se sabe que un pueblo informado se convierte en un pueblo organizado, el gobierno por su parte quiere un pueblo desinformado y desorganizado, débil ante la tiranía, sumiso y ensordecido por verdades oficiales.

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