LAS NORMALES RURALES, UNA HISTORIA DE LUCHA PERMANENTE

mural

/Clara Ortiz

La historia de las escuelas normales rurales es una historia de lucha y resistencia. Surgen como un proyecto educativo en la época posrevolucionaria, teniendo como base los principios constitucionales de brindar “educación socialista”-término cambiado en 1944 por “educación democrática”-, otorgando educación gratuita a indígenas y campesinos de las zonas más pobres de México.

Tienen su antecedente en las Centrales Agrícolas dedicadas exclusivamente a la alfabetización, y posteriormente en las Comisiones Culturales, que llegaban hasta a los lugares más apartados. La primera normal rural surge en 1922 en Tacámbaro, Michoacán.

Desde sus inicios las normales han sido objeto de acoso por parte del Estado. Se les ha criminalizado, amenazado, estigmatizado y reprimido. En 1945, durante el sexenio de Ávila Camacho, el presupuesto de por sí raquítico destinado a las normales se redujo aún más y se implementó un plan de estudios que las homologaba con las normales urbanas.

Distintos gobiernos han buscado incesantemente desparecerlas. Díaz Ordaz ordenó el cierre de más de la mitad de las escuelas, luego de la participación de éstas en el movimiento estudiantil de 1968. En los últimos sexenios, a pesar de la resistencia de algunas normales como la del Mexe, en Hidalgo, han tenido que desaparecer ante la condena a muerte y la represión del Estado. De los 46 planteles que existían, hoy sólo quedan 16.

La sobrevivencia de estos centros educativos ha dependido principalmente de la defensa por parte de sus propios integrantes y de los campesinos. Ha sido una lucha constante por mantener o ampliar la matrícula, aumentar el presupuesto, mantener el internado y comedor y por la preservación y aumento de la beca.

Con la desaparición de las normales rurales está en riesgo la oportunidad de los campesinos de ejercer su derecho a la educación, ya que las normales rurales son casi la única alternativa educativa para sus hijos, y una oportunidad para combatir la ignorancia, el analfabetismo y potenciar un cambio social.

Su larga tradición de lucha no es accidental, ha sido una resistencia histórica organizada. No es coincidencia que líderes sociales como Lucio Cabañas, hayan estado entre las filas de los normalistas. Porque en las normales rurales la conciencia social no sólo se adquiere a través del estudio, sino de su confrontación práctica con la realidad.

Así es como la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM) lo ha expresado: “Mientras la pobreza exista y continúe la explotación del hombre por el hombre, las normales rurales tendrán razón de ser. Porque la educación no es un privilegio de clase, sino un derecho de todos”.

Fuente: Periódico 30-30, Voz de Comité Central del Partido Comunista de México, Año 2, noviembre-diciembre 2014.

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