Materialismo, escepticismo, ateísmo y hedonismo indio, chino y griego

epicuro

Introducción, por Jean Pierre Dubarri.

Este estudio que presento, Materialismo, escepticismo, ateísmo y hedonismo indio, chino y griego: la otra cara oculta y desconocida de India, China y Grecia, es obra de Fabián Granobles Ocampo. En un cambio de impresiones con Fabián le propuse publicar este estudio que me hizo llegar sobre el materialismo y el ateísmo en India, China y Grecia, en El Averno. El escrito está bien documentado con amplias citas y notas. Si bien al principio al lector puede darle sensación de aturdimiento con tanto dato, es todo lo contrario según se va leyendo. Una lectura amena y suelta que profundiza en el materialismo. Una crítica oriental hacia las religiones de su época y tan válida hoy como entonces. Fabián trata el tema del materialismo con habilidad desde el concepto alma a los sentidos y sentimientos humanos como la muerte, el dolor. Recomiendo leerlo en todo su contexto hasta el final, un buen trabajo. Disfruten de la realidad, de la lectura y del poso que éste artículo pueda dejarles.

Materialismo, escepticismo, ateísmo y hedonismo indio, chino y griego:

la otra cara oculta y desconocida de India, China y Grecia

(Por: Fabián Granobles Ocampo)

(Nota: Este texto tiene como objetivo rendir un homenaje al primer gran librepensador y el primer filósofo ateo en la historia de la humanidad, en términos explícitos, el filósofo materialista, atomista, antirracionalista, escéptico y hedonista indio Chārvaka Muni o Cārvāka Muni (contrario a lo que afirma el filósofo y escritor francés Michel Onfray en su libro “Tratado de Ateología” [1], que el primer filósofo ateo en la historia de Europa y de la humanidad era el sacerdote y filósofo francés Jean Meslier), y va dirigido a todos los librepensadores y no creyentes, pero sobre todo, a todos los que posean una mente abierta. Para la realización de este texto, he usado las siguientes referencias:

Diccionario Soviético de Filosofía Rosental Ludin, Diccionario de Filosofía Akal, Diccionario de Filosofía José Ferrater Mora, Diccionario de la Sabiduría Oriental, Editorial Paidós, Historia de la Filosofía Oriental y Antigua de Jesús A. Mosterín (Volumen 2, Editorial Alianza), 1000 Años de Filosofía de Rom Harré (Editorial Taurus), Introducción a la Filosofía de la India de Ruth Reyna (Editorial Ateneo), Historia de la Filosofía. El Pensamiento Prefilosófico y Oriental (Editorial Siglo XXI Editores).

El Materialismo es una corriente filosófica que surge en oposición al Idealismo y que resuelve la cuestión fundamental de la Filosofía dándole preeminencia al mundo material y concreto (y la vida en el aquí y ahora) y afirma que el pensamiento es producto de la materia (el cerebro), es decir, que los fenómenos mentales son fenómenos cerebrales.

Según el materialismo, el Universo es material, existente objetivamente fuera e independientemente de la conciencia (mente). La materia es primaria y la conciencia y el pensamiento son propiedades de la materia a partir de un estado altamente organizada. El pensamiento es un nivel superior del conocimiento humano, un proceso de reflejo de la realidad objetiva, material y concreta. Sostiene, además, que la materia no ha sido creada de la nada, que existe en la eternidad y que el Mundo y sus regularidades son cognoscibles.

El Escepticismo es una corriente filosófica que afirma que la verdad no existe o en todo caso, el ser humano es incapaz de encontrarla. Niega la posibilidad de alcanzar un conocimiento de la realidad, como es en sí misma, fuera de la percepción humana. Los escépticos creían que todo es tan subjetivo que sólo es posible emitir opiniones. Aunque actualmente con la palabra escéptico muchas veces se hace referencia a una persona que no cree en nada, que es pesimista, al analizar la etimología de esta palabra encontraremos que más que “el que no cree” es “el que duda, que investiga”. Escéptico es alguien que profesa duda o está en desacuerdo con lo que generalmente está aceptado como verdad. La palabra “escéptico” viene del griego “skeptikoi” (de “skeptesthai”, “mirar”, “examinar”, “indagar”, “investigar”), el nombre dado a los seguidores del filósofo griego Pirrón de Elis.

Los escépticos no creían en una verdad objetiva, porque para ellos todo era subjetivo, dependía del sujeto y no del objeto. Por ejemplo un escéptico diría “siento frío pero no hace frío”, ya que él sólo puede saber que “él tiene frío o calor”. A esta postura de no emitir juicios, sino exclusivamente opiniones, se la llamó “suspensión de juicio”. Esta actitud los llevaría a la “imperturbabilidad del alma” porque, al no creer en nada, no entraban en conflictos con nadie y no se veían obligados a defender sus opiniones ya que, para ellos, no existían verdades objetivas. Representantes: “Protágoras de Abdera, Gorgias de Leontini, Pirrón de Elis, Timón el Silógrafo, Carnéades de Cirene, Ptolomeo de Cirene, Enesidemo de Cnosos, Arcesilao de Pítane, Sexto El Empírico, Antíoco de Laodicea, Zeuxis de Laodicea, Teodas de Laodicea, Zeucipo, Hecateo de Abdera, Filón de Atenas, Nausífanes de Teos, Menodoto de Nicomedia, Herodoto de Filadelfia, Sanjaya Belatthaputta, Jayarāśi Bhaṭṭa”.

Causas que provocaron la aparición del Escepticismo

La diversidad y oposiciones de los sistemas, como los de Demócrito, Empédocles, Platón, entre otros, que crean abstracciones y dudas. La influencia en la política exterior de hechos como la muerte de Alejandro Magno y la diversidad en las costumbres, religiones e instituciones de las ciudades.

El filósofo griego Pirrón de Elis fue el creador del Escepticismo en Grecia Antigua. Un gran viajero que conoció muchas culturas con los ejércitos de Alejandro Magno, cosa que le permitió dudar de las verdades evidentes y tradiciones de su cultura. Se dice que Pirrón de Elis llevó al extremo la suspensión de juicio, hasta el punto de sacarse las cuerdas vocales. Nada es más. Ninguna cosa es más verdadera o falsa, buena o mala, mejor o peor, hereje, blasfema o sagrada. Pirrón de Elis estaba en contra del pensamiento dogmático. Mantuvo que el ser humano no puede conocer nada de la “naturaleza real” de las cosas y que, en consecuencia, el sabio no debía expresar sus juicios. Los juicios sobre la realidad son convencionales. La realidad está más allá de lo que percibimos por los sentidos y por lo tanto existe la imposibilidad de conocer la verdadera naturaleza de las cosas ya que, al ser cambiante, tan sólo nos proporciona apariencias. Según Pirrón de Elis el sujeto nunca puede aprehender los objetos, o únicamente los puede aprehender los objetos de forma relativa o cambiante. Ni los sentidos ni la razón pueden proporcionar un conocimiento verdadero. La realidad está fundamentalmente indeterminada. Todas las cosas son igualmente indiferentes, inconmensurables, indecidibles. La creencia de que se pueden conocer las cosas tal y como son no tiene fundamento, ni se puede creer que ningún juicio sea realmente verdadero. El recuerdo falsea el pasado. Hay que abstenerse de hacer juicios (suspensión del juicio) y permanecer indiferentes, para lograr la imperturbabilidad del alma. Como siempre hay errores, no debemos emitir juicios. No hay, pues, que decidirse por nada; no hay que adoptar ninguna opinión o creencia. La ataraxia es la culminación de la suspensión del juicio (epojé) que sólo se puede lograr viviendo sin preferencias. El verdadero sabio debe encerrarse en sí mismo y optar por el silencio y en su conducta no se debe dejar impresionar por las cosas externas. En las cuestiones sociales, es mejor seguir las normas de conducta establecidas no porque sean mejores, cosa que nunca se puede saber, sino por una cuestión práctica. La ataraxia es una especie de felicidad negativa, que se logra viviendo con indiferencia ante el mundo.

El filósofo griego Enesidemo de Cnosos (80 a.n.e. – 10 a.n.e.), formó parte de la “Academia Platónica de Atenas”, que en su tiempo adoptaba una orientación estoica que no aceptaba Enesidemo de Cnosos. Formó entonces su propia escuela en Alejandría para enseñar el Pirronismo frente al Estoicismo. Escribió una obra titulada “Discursos Pirrónicos”, donde plasmó su filosofía mediante la sistematización de los “argumentos” (tropos) del Escepticismo para tratar de demostrar la imposibilidad del conocimiento verdadero. Por sus esfuerzos para devolver el Escepticismo a la genuina formulación de Pirrón de Elis fue considerado como el “segundo fundador de la escuela escéptica”. Afirma la incertidumbre de alcanzar un conocimiento verdadero a causa de la multiplicidad de condiciones externas que ocurren en el juicio. Aceptó la identidad de los contrarios. Si existen sensaciones diversas para los diversos seres humanos o para las diversas circunstancias, ¿Cómo distinguir entre las verdaderas y las falsas?, ¿Cómo distinguir entre las diversas creencias y opiniones humanas? Propuso la “suspensión del juicio” (epojé) para alcanzar la “imperturbabilidad del alma” (ataraxia).

Arcesilao de Pítane (315 a.n.e. – 240 a.n.e.). Filósofo griego y uno de los fundadores de la denominada “Academia Platónica Media” o “Segunda”. Discípulo de Teofrasto, Polemón, Crantor y Crates de Atenas, fue el sucesor de este último en la Academia, y el autor de su transformación, que se caracteriza por debilitar las afirmaciones positivas de Platón recuperando el Escepticismo y poniendo de nuevo en boga el Método Socrático (Mayéutica), mediante el empleo la ironía, la interrogación y la duda en las controversias filosóficas. Sin embargo, su escepticismo no se extiende al orden moral, sino que se limita al orden especulativo y metafísico.

Si Sócrates había dicho: “Sólo sé una cosa, y es que no sé nada”; Arcesilao de Pítane añade: “Ni aun sé de cierto que no sé nada”. Atacó la doctrina estoica de que la certeza subjetiva es el criterio de verdad. No puede lograrse ninguna clase de de certeza. No existe lo que es cierto estrictamente, sino sólo lo que es razonable, posible. Su método consiste en analizar las proposiciones de los contrarios y tratar de demostrar que eran contradictorias consigo mismas. En lo teórico, recomendó la “suspensión del juicio” (epojé); en lo práctico, argumentó que la “probabilidad” (eulogon) puede justificar la acción humana. En ética, Arcesilao también se distingue por reducir la doctrina platónica del “entusiasmo” a la de la “imperturbabilidad del alma” (ataraxia). El sujeto debe atender su vida antes que a los objetos, aunque no es posible enunciar principios morales ni verdades absolutas, es posible apoyar con razones correctas una argumentación bien hecha. Puesto que existen diversos grados de incertidumbre, algunas acciones se justifican por razones correctas que apelan no a la certeza absoluta, la cual es imposible, pero si a lo plausible, siendo esto suficiente para fundamentar la acción y posibilitar una elección moral razonable para vivir de acuerdo con estas ideas. El concepto de “evidencia directa” (katalepsis) es una mera invención de la cual no podemos hallar ejemplos. La “imperturbabilidad del alma” (ataraxia) es el síntoma de la “suspensión del juicio” (epojé).

El filósofo griego Timón el Silógrafo continuó la tradición escéptica poniendo en duda las ideas aristotélicas, dudando incluso de los primeros principios de la deducción aristotélica. Sin embargo, el sistema socrático de hipótesis y deducciones nunca fue puesto en duda por los escépticos, aunque se ganaron fama de “desbaratadores” y perdieron popularidad al luchar contra los ritos, leyendas y supersticiones arraigadas.

Carnéades de Cirene (214 a.n.e. – 129 a.n.e.). Filósofo y orador de la Antigua Grecia. Nació en la colonia griega de Cirene, convirtiéndose más tarde en ciudadano de Atenas. Fue Director de la Academia desde 160 a.n.e. hasta 137 a.n.e., fundando la tercera Academia después de haber oído las lecciones de Hegesimo.

Sus doctrinas filosóficas fueron difundidas por su discípulo Clitómaco, dado que él no las publicó. Carnéades de Cirene era contrario a todo Dogmatismo, sosteniendo tanto la imposibilidad de la certeza absoluta como de la incertidumbre completa, así como la de llegar al conocimiento de la Divinidad, de igual modo negaba la posibilidad del conocimiento cierto y el carácter científico de las Leyes Naturales. El saber seguro es imposible y ninguna afirmación es indudable. No hay posibilidad de distinguir de un modo absoluto entre las representaciones verdaderas y las representaciones falsas. Es necesario la “suspensión del juicio” (epojé), pero, como para poder vivir según nuestros propios criterios se requieren normas razonables para no quedarnos paralizados, hay que actuar según el conocimiento más verosímil o probable. Estos criterios para conducir la existencia no son criterios objetivos consistentes en representaciones, que pueden ser falsas, sino que, son criterios subjetivos, que no están fundamentados en la verdad, sino en la probabilidad. Sus ideas fueron rebatidas con ingenio por Agustín de Hipona en su obra “Contra los Académicos”, ya que estos académicos negaban la posibilidad de conocer la verdad, pero afirmaban que se podían conocer las cosas por probabilidad o verosimilitud (es decir, por semejanza a la verdad), por eso, en la obra mencionada, a un discípulo suyo que defiende a los académicos le responde: “… Son dignos de risa tus académicos, que en la vida quieren seguir lo verosímil, lo semejante a la verdad, ignorando ésta”. Aunque finalmente Agustín de Hipona sostiene que es “El secreto de Arquesilao” el que les hace aparentar la duda universal o relativa.

Formó parte de una embajada ateniense a Roma en el año 155 a.n.e. con el propósito de intentar aminorar la multa de 500 talentos, impuesta por los romanos a los atenienses en castigo por la destrucción y saqueo de la ciudad de Oropo. Se cuenta que, gracias a su habilidad como orador consiguió la reducción de la multa, circunstancia por la cual Filóstrato lo incluye en el Libro I de su obra “Vidas de los Sofistas” como ejemplo de este tipo de filósofos.

El filósofo griego Antíoco de Laodicea rechazó el probabilismo y defendió que para sustentar la probabilidad se debe partir de una certeza absoluta.

Durante el s. I a.n.e. el Escepticismo volvió a cobrar importancia paulatinamente hasta Luciano de Samosata y Sexto El Empírico, que representan a los últimos escépticos clásicos. Hasta el Renacimiento, con la figura del creador del género ensayístico, Michel de Montaigne, y concretamente hasta que el médico Francisco Sánchez escribió una obra fundamental, “Quod nihil scitur” (Que nada se sabe), el escepticismo no fue tomado como una hipótesis válida para indagar en la verdad, de forma tal que constituyó el fundamento primero de René Descartes y su “Duda Metódica”, con la cual el escepticismo vuelve paulatinamente a cobrar importancia hasta el Siglo de las luces donde impregna todo el pensamiento ilustrado. A mediados del s. XIX, el Romanticismo ya domina la sociedad y reclama para sí todo un modo de vida menos analítico, más evocativo donde se pueda mezclar realidad y fantasía.

El Hedonismo (del griego “Hedoné”, “Placer”; el equivalente en sánscrito y pali “Kāma”, “Plenitud Sexual”, “Placer de los Sentidos”, “Gratificación Sensual”, “Amor y Disfrute Estético de la Vida”) es la doctrina filosófica basada en la búsqueda del placer y la supresión del dolor como objetivo o razón de ser de la vida. Considera el placer como el fin de la vida, por lo que se deduce que los seres humanos deben dedicarse exclusivamente a vivir en la eterna búsqueda del placer. Las 3 escuelas clásicas del Hedonismo son: “La Escuela Lokāyata (en India), Yan Chu (395 a.n.e. – 335 a.n.e.), la Escuela Cirenaica y la Escuela del Jardín (formada tanto por hombres como por mujeres) o Escuela Epicureísta (en Grecia)”. Se divide en 2 ramas:

  1. Hedonismo Egoísta o Extremo: El Hedonismo Egoísta o Extremo plantea que los deseos y placeres personales (no solamente los intelectuales sino también los sensuales) se deben satisfacer de inmediato sin importar los intereses de los demás (el placer por el placer). Esta teorización fue expuesta por la Escuela Lokāyata (en India), Yan Chu (En China) y Aristipo de Cirene (en Grecia).

  2. Hedonismo Racional, Refinado o Moderado: El Hedonismo Racional, Refinado o Moderado fue formulada por los “Epicúreos” o “Hedonistas Racionales”, seguidores del filósofo griego Epicuro de Samos, quien vivió en Grecia entre el (341 a.n.e.) y el (270 a.n.e.). La doctrina que predicó Epicuro de Samos ha sido tergiversada a través de la historia, hasta el punto de que algunos lo toman como un libertino mientras que otros lo consideraron una faceta.

La Escuela Cirenaica y la Escuela Epicúrea convergen en el detestar la superstición y la religión y basar la conducta y el juicio mediante la experiencia y la razón. Así anticipan las posiciones del Humanismo y de la Ilustración Europea (s. XVIII) posteriores.

La Escuela Cirenaica (s. IV a.n.e. y s. III a.n.e.) fue fundada por Aristipo de Cirene (act. Shahhat, Libia, Norte de África), fue una de las más antiguas Escuelas Socráticas y enfatizaba sólo un lado de las enseñanzas de Sócrates.

Tomando la afirmación de Sócrates de que la felicidad es uno de los fines de la acción moral, Aristipo de Cirene mantenía que el placer era el bien superior y la felicidad consiste en librarse de toda inquietud. Defendía que el conocimiento es indisociable del comportamiento de los individuos y, asimismo, imposible de desligar de los placeres físicos inmediatos. En epistemología, Aristipo de Cirene y la Escuela Cirenaica defiende una posición sensualista, escéptica (la única fuente de conocimiento son los sentidos) y subjetivista (no hay más conocimiento que el conocimiento individual).

El empirismo de la Escuela Cirenaica proviene de la toma del criterio de verdad basado en las sensaciones personales y la propia experiencia. Las sensaciones además de criterio de verdad son también criterio para la práctica.

El escepticismo de la Escuela Cirenaica proviene de la distinción que hacen entre las experiencias propias y lo que hace que tengamos dichas experiencias. Según la Escuela Cirenaica, podemos conocer nuestros estados sensibles, pero no los objetos que los originan, por tanto no podemos tener conocimiento del mundo externo. Pero la experiencia personal es subjetiva e intransferible, por esto no pueden ser comunicadas a los demás porque cada uno tiene sus propias afecciones. No podemos decir con seguridad que una misma cosa provoque una misma experiencia en 2 personas distintas. Como además no tienen ningún criterio externo para juzgar la corrección de dichas experiencias, asumen una relatividad respecto de las percepciones.

Para la Escuela Cirenaica no se puede conocer las cosas en sí mismas, pero experimentamos en nuestro cuerpo placer o dolor, es decir la afección de nuestra conciencia por las cosas. Fuera de nuestras propias sensaciones, no podemos saber nada del mundo.

Aristipo de Cirene afirmaba que las gratificaciones corpóreas, las cuales consideraba más intensas, eran preferibles a las mentales, y por lo tanto es inútil formular un sistema de valores donde la conveniencia de los placeres presentes es sopesada frente a los dolores que puedan causar a futuro, porque puede que cambien los deseos, o que no estemos en ya en buenas condiciones o simplemente que hayamos muerto. El principal argumento para la defensa del placer, es que todos los animales buscan espontáneamente el placer y huyen del dolor. También los seres humanos instintivamente buscamos el placer y tratamos de evitar el dolor. Aristipo de Cirene divide la ética en 5 partes:

De los objetos que hay que desear y de los que hay que huir, de las sensaciones, de las acciones, de las causas y por último de las demostraciones”.

A Aristipo de Cirene se le tuvo como hombre materialmente pudiente, con riquezas y fortuna que le posibilitaban el ejercicio de una vida acorde con el tenor de su concepción filosófica y de vida. Realizó numerosos viajes y se consideró un cosmopolita como tantos otros filósofos de la época helenística. Despreció las convenciones sociales y tal vez por ello y también por sus frecuentes relaciones públicas con prostitutas, fue el centro de muchas historias escandalosas, la mayoría probablemente falsas. Sin embargo Aristipo de Cirene practicó el ideal de autodominio. Supo adaptarse a las circunstancias y lograr la impasibilidad. Como nos recuerda Diógenes Laercio, cuando a Aristipo de Cirene le reprochaban su relación con una prostituta llamada Laida o Lais, respondía “yo poseo a Laida, pero no ella a mí”.

Según Aristipo de Cirene, son 3 los estados relativos a nuestros sentimientos:

El sentimiento de dolor, el sentimiento de placer y un estado intermedio, por el que no sentimos ni dolor ni placer, semejante al mar en calma”.

La Escuela Cirenaica también negaba que debamos posponer la gratificación inmediata para la ganancia a largo plazo. En este respecto la Escuela Cirenaica difiere de la Escuela Epicúrea. Representantes: “Aristipo de Cirene, Teodoro El Ateo, Hegesías de Cirene, Aníceris, Antípatro de Cirene, Parebates, Aristipo Metrodidacta, Arete”.

Hegesias de Cirene, llamado “Peisithanatos”. Filósofo de la escuela cirenaica, nacido hacia el año 300 a.n.e. Según Diógenes Laercio fue discípulo de Parebates, y este de Antípatro de Cirene, quien a su vez lo fue del famoso Arístipo de Cirene (435 a.n.e. – 360 a.n.e.). Según Cicerón, escribió un libro “Apokarteron” que se ha perdido.

Estudió con Anniceris o Anníceres y sostenía que, si los cirenaicos sostienen que la finalidad de la vida es la satisfacción del propio placer, esto conducía inevitablemente al Pesimismo, ya que los placeres de la vida son pocos y muchos más los dolores, incierto el conocimiento y todos los eventos son dominados por la fortuna, el azar, la inseguridad, la impersonal fuerza del destino fatal. No sólo el fin supremo del hombre sería la indiferencia ante la vida y la muerte, sino que la muerte misma sería considerable por ello placentera. Por eso fue denominado “Peisithanatos” (“Persuasor de la muerte”) entre sus discípulos; para él no hay felicidad posible y la muerte es preferible a la vida (salvo al sabio a quien estas dos cosas son indiferentes); recomendaba el suicidio. Decía:

La felicidad es cosa absolutamente imposible, pues el cuerpo está aquejado de innumerables dolores, y el alma que participa en estos sufrimientos del cuerpo está también aquejada por los suyos propios porque la fortuna impide la realización de buen número de nuestras esperanzas y deseos; por esto la felicidad no posee existencia real”.

Su enseñanza acarreó numerosos suicidios, por lo que, alarmado, el Rey Tolomeo II Filadelfo (285 – 246 d.n.e.) prohibió sus libros, cerró su escuela y lo exilió de la ciudad de Alejandría donde enseñaba. El filósofo Jean-Marie Guyau consideraba sus enseñanzas semejantes a las del Budismo, aunque esta filosofía condena el suicidio.

Anníceres o Anniceris es un filósofo de la Escuela Cirenaica, discípulo del filósofo cirenaico Parebates según Diógenes Laercio. Los datos sobre este personaje son muy confusos y podría tratarse de 2 personajes diferentes, uno contemporáneo y amigo de Platón, al que rescató de la esclavitud que le impuso el tirano Dionisio de Siracusa pagando su rescate, según noticias de Diógenes Laercio; el otro era contemporáneo de Alejandro Magno y era acaso el filósofo cirenaico, que estuvo activo en Alejandría en el s. IV a.n.e. y situaba el soberano bien en el placer, pero recomendaba la búsqueda de los placeres intelectuales y morales; creó su propia escuela y afirmaba que había placeres materiales y espirituales, pero los del cuerpo se gozan sólo durante el breve momento en que se producen, mientras que los del alma se prolongan toda la vida y constituyen una solución o cura a los dolores del cuerpo. Esta, pues, próximo a los planteamientos de Aristipo de Cirene y no era tan radical como Hegesías; identificaba el placer con el bien máximo y el dolor con el peor de los males, pero consideraba que son principios sociales, y no naturales, como afirmaba Aristipo. Uno de sus discípulos fue Teodoro “El Ateo”.

Partiendo de la teoría atomista de Demócrito de Abdera y Leucipo, Epicuro de Samos afirma que toda la realidad está formada por 2 elementos fundamentales:

  1. Los átomos, que tienen forma, extensión y peso.

  2. El vacío, que no es sino el espacio en el cual se mueven esos átomos.

Las distintas cosas que hay en el mundo son fruto de las distintas combinaciones de átomos. El ser humano, de la misma forma, no es sino un compuesto de átomos. De los cuerpos, algunos son compuestos y otros son átomos o indivisibles, elementos estables de los que están formados los compuestos.

A pesar de ser un materialista y atomista radical, Epicuro de Samos creía en la libertad. Los átomos tienen 3 tipos de movimiento: “El movimiento vertical, producto del peso, el choque que produce cambios en la dirección del átomo y la desviación espontánea (en griego “parénklisis”; en latín “clinamen”)”. Tito Lucrecio Caro dice que en un momento indeterminado del movimiento del átomo ocurre una ligera desviación de su trayectoria y esta desviación es la que posibilita los choques y el encuentro entre los átomos para que puedan surgir las cosas.

Epicuro de Samos establece 3 causas para los sucesos:

Unas cosas suceden por necesidad, otras por azar y otras por las acciones humanas”.

La desviación es producto del azar, con ello la trayectoria del átomo es impredecible.

Esta teoría sirve para salvar el estricto determinismo que impone una teoría materialista como el atomismo, determinismo que ya venía desde Demócrito de Abdera, pero al que no está dispuesto Epicuro, sobre todo porque su pretensión era garantizar la libertad de la acción humana. El interés principal para Epicuro de Samos es el lado práctico al que supedita la teoría del conocimiento y la física dentro de su sistema. El “parénklisis”, “clinamen”, “desviación” es la introducción de un cierto grado de indeterminismo pero suficiente para mantener la libertad, tanto física como moral.

Epicuro de Samos anticipó a la teoría de la selección natural. Afirmó que las fuerzas naturales dan origen a organismos de diferentes clases y que sólo las clases capaces de superarse a sí mismas y reproducirse han sobrevivido.

En epistemología, Epicuro de Samos afirma que la sensación es la base de todo el conocimiento. Las sensaciones son provocadas por un continuo flujo de imágenes o “ídolos” abandonadas por los cuerpos e impresionadas por los sentidos. Ante cada sensación, el ser humano reacciona con placer o con dolor, dando lugar a los sentimientos, que son la base de la moral. Cuando las sensaciones se repiten numerosas veces, se graban en la memoria y forman así lo que Epicuro de Samos denomina las “ideas generales” (diferentes a las platónicas). Para que las sensaciones constituyan una base adecuada, sin embargo, deben estar dotadas de la suficiente claridad, al igual que las ideas, o de otro modo nos conducirán al error.

Diógenes Laercio, menciona un cuarto proceso de conocimiento, además de las sensaciones, los sentimientos y las ideas generales: “Las proyecciones imaginativas, por las cuales podemos concebir o inferir la existencia de elementos como los átomos, aunque éstos no sean captados por los sentidos”. Para Epicuro de Samos, el conocimiento tenía como finalidad liberar al ser humano de la ignorancia y la superstición.

En ética, Epicuro de Samos consideraba que la felicidad consiste en vivir en continuo placer (el placer como fin supremo) y en evitar la pena o el dolor (aponía), es decir, la minimización del dolor, porque para muchos seres humanos el placer es concebido como algo que excita los sentidos (placeres sensuales). Existen otras formas de placer que según Epicuro de Samos se refieren a la ausencia de dolor o de cualquier tipo de aflicción. Epicuro de Samos también afirmó que ningún placer es malo en sí, sólo que los medios para buscarlo pueden ser el inconveniente, el riesgo o el error.

Pero el placer no es equivalente al goce sensual del placer por el placer, sino a la salud del cuerpo acompañada del ejercicio de la mente por medio de la Filosofía. La filosofía es inútil sino cura los sufrimientos del alma. La tarea de la filosofía consiste en mostrar de qué modo es posible maximizar el placer. El dolor y el mal son fáciles de evitar. Ningún sufrimiento dura mucho tiempo y cuanto más agudo menos tiempo permanece.

El “placer katastémico” es un estado físico que se caracteriza por la ausencia de dolor en el cuerpo o aponía, y por la ausencia de perturbaciones en el espíritu o ataraxia. El “placer cinético” es el placer de los sentidos en el proceso de eliminación del dolor. Epicuro de Samos considera superiores a los placeres katastémicos o en reposo ya que es un estado necesario para alcanzar la felicidad, mientras que los placeres en movimientos son necesarios también pero para alcanzar el estado de placer katastémico.

La imperturbabilidad del alma (ataraxia) es un equilibrio en el alma y el cuerpo. La imperturbabilidad del alma se logra eliminando las principales fuentes de angustia humana:

  • El miedo a los dioses.

  • El miedo a la muerte.

  • El miedo al dolor.

  • El miedo al fracaso en la búsqueda del bien.

Los dioses, si existen, son perfectos, están compuestos de átomos, pero más sutiles y están en reposo, son indiferentes ante el destino del ser humano, no llegan al ser humano de ningún modo, ni para ayudar ni para castigar y están más allá del alcance del ser humano y de su mundo, por lo que las plegarias y los temores no tienen ninguna utilidad. Los fenómenos cósmicos, la enfermedad y el dolor no son amenazas de los dioses, para aquellos que los ofenden con su mal comportamiento. De este modo, se elimina la posibilidad de que los sacerdotes, quienes monopolizan el poder de influir sobre la voluntad de los dioses, utilicen con fines políticos, su supuesto poder, logrando así doblegar la voluntad popular a sus propios intereses.

Sentir temor ante nuestra futura no existencia es tan irracional como añorar la no existencia que disfrutábamos antes de nacer. Mientras se vive no se tiene sensación de la muerte y cuando se muere no se tiene sensación alguna. La muerte es un hecho natural, aunque sea negativo y doloroso, que hay que aceptar. Lo contrario no es más que ignorancia. La muerte es un hecho irreversible, en el cual no hay retorno posible y en donde el Infierno es una ilusión. La sociedad y la educación tradicional impone falsos valores sobre la muerte que son motivo de rechazo y temor y propone vanas esperanzas, mediante obligaciones y ritos, que no se pueden cumplir, y bajo amenazas que provocan angustia en el ser humano. Frente a la muerte, el ser humano es más consciente de su propia fragilidad. La muerte es una mera desintegración del alma, ya que no existe un alma de naturaleza diferente a la del cuerpo, ya que el alma está también compuesta de átomos y sólo siente cuando está unida al cuerpo. La angustia por lo que habrá después de la muerte, por el más allá, por salvaciones y condenas, carece de sentido.

También carece de sentido temer al futuro, puesto que:

El futuro ni depende enteramente de nosotros, ni tampoco nos es totalmente ajeno, de modo que no debemos esperarlo como si hubiera de venir infaliblemente ni tampoco desesperarnos como si no hubiera de venir nunca”.

La libertad (eleutería) está constituida por la ausencia de pena o de dolor y la ausencia de temor (afobía). El dolor o pena es el único mal, no habiendo estados intermedios. En teoría del conocimiento, la Escuela Epicúrea defiende una posición sensualista (la única fuente de conocimiento son los sentidos), una física atomista inspirada en las doctrinas de Leucipo de Abdera y Demócrito de Abdera y una ética hedonista.

Existen escritos de Epicuro de Samos y de sus seguidores que nos muestran sus doctrinas: “Entre los placeres, algunos son naturales y necesarios, algunos naturales y no necesarios y otros ni naturales ni necesarios, sólo consagrados a la opinión vana”. La disposición que tengamos hacia cada uno de estos casos determina nuestra aptitud para ser felices o no.

Dentro de los placeres naturales y necesarios encontramos las necesidades básicas físicas, como el alimentarse, calmar la sed, el abrigo y el sentido de seguridad.

  • Dentro de la clase de los placeres naturales e innecesarios están, la conversación amena, la gratificación sexual, las artes, entre otros.

  • Dentro de los placeres innaturales e innecesarios están la fama, el poder político, el prestigio, el lujo, las joyas, las estatuas, entre otros.

Epicuro de Samos formuló algunas recomendaciones entorno a todas estas categorías de deseos así:

  • Debemos satisfacer los placeres necesarios y naturales de la forma más económica posible.

  • Podemos perseguir los placeres naturales e innecesarios hasta la satisfacción de nuestro corazón, no más allá.

  • No debemos arriesgar la salud, la amistad, la economía en la búsqueda de satisfacer un deseo innecesario, pues esto sólo conduce a un sufrimiento futuro

  • Hay que evitar por completo los placeres innaturales e innecesarios pues el placer o satisfacción que éstos producen es efímero.

Epicuro de Samos plantea como valores la amistad (fília), la gratitud y la prudencia. La amistad (fília) es una palabra que indica un vínculo afectivo, y tiene una larga tradición en Grecia desde tiempos de Homero. Epicuro de Samos hace de la amistad algo muy especial que se puede apreciar en sus escritos y en la actitud que había en la “Escuela del Jardín”, que estaba formado por una comunidad de amigos de igual a igual, independientemente de todo lo demás, recordemos que esta comunidad había mujeres, cosa no muy habitual, prostitutas o esclavos.

La amistad, según Epicuro de Samos es uno de los puntos más importantes de la felicidad, porque es una de las cosas que más proporciona placer. La amistad es el único caso en donde se debe permitir el altruismo, incluso el sacrificio de la propia vida. Es dulce para el Sabio soportar el dolor y la muerte por un amigo. En la amistad es más placentero dar que recibir.

La justicia (díke) no es un bien en sí mismo ni la injusticia un mal en sí mismo. La justicia no es algo natural, sino que es impuesto por quien puede hacerlo. La justicia tiene su utilidad como pacto de convivencia con los demás, en el cual se consigue cierta seguridad, ya que es una convención para no hacer ni sufrir daño. La justicia no es algo inamovible y depende de las circunstancias, cambia respecto a éstas. Lo que es en un momento justo en otro momento no es algo justo. Es mejor no ocuparse de la vida política, origen de innumerables sinsabores. La belleza y la virtud deben ser aceptadas si producen serenidad y satisfacción; deben ser eliminadas si no las producen.

Representantes: “Epicuro de Samos, Tito Lucrecio Caro, Hermaco de Mitilene, metrodoro de Lámpsaco, Timócrates de Lámpsaco, Colotes, Poliano, Ctesipo, Zenón de Sidón, Demetrio de Laconia, Apolodoro, Horacio, Plinio el Joven, Diogeniano, Filodemo de Gadara, Sirón (Maestro de Virgilio), Diógenes de Oenoanda, Asclepiades de Prusa”. La Escuela Epicúrea ganó un gran número de adeptos. Fue una importante escuela de pensamiento que perduró por 7 siglos después de la muerte de su creador. Hacia la Edad Media decayó y fueron destruidos muchos de sus escritos. Sin embargo hoy existen remanentes de esta doctrina que han sido compilados y difundidos por el mundo.

La Escuela Epicúrea sostenía que el placer verdadero es alcanzable tan solo por la razón. Hacían hincapié en las virtudes del dominio de sí mismo y de la prudencia. En los s. XVIII y s. XIX los filósofos británicos Jeremy Benthan, James Mill y John Stuart Mill hicieron la propuesta de una doctrina universal más conocida como Utilitarismo. Según esta teoría el comportamiento humano debe tener como criterio final el bien social. Hay que guiarse moralmente buscando todo aquello que proporciona y favorece el bienestar de un mayor número de personas.

Escuela Lokāyata

Escuela Materialista y Atea Extrema de India (en sánscrito “Loka”, “Mundo” “aiata”, “prevaleciente”; “perteneciente al mundo de los sentidos”) y “Lokayatamata” (en sánscrito “punto de vista del vulgo”), perteneciente a los “Dársanas” (en pali “Dāssanas”, “Punto de Vista”, “Vista”, “Sistema”, “Doctrina”) “Heterodoxos”, “Impíos”, “Negadores”, “Ateos” o “Nāstikas” (contrario a los 6 “Sistemas Ortodoxos” o “Āstikas”: Nyaya, Vaisesika, Sankya, Yoga, Mimamsa y el Vedanta, los cuales parten de los Vedas), la misma clasificación que se le da al Budismo y al Jainismo. También denominada Escuela Chārvaka, por el fundador de la escuela Chārvaka Muni (en sánscrito “Chaari”, “Atractivo”, “Dulce”, “Vaak”, “Palabra”, “que habla” y “Muni”, “Sabio”) o Cārvāka Muni (o simplemente Chārvaka o Cārvāka). Quizá proviene de épocas prevédicas.

La Escuela Lokāyata probablemente es la que mejor representa el Ateísmo y Materialismo Extremo entre todas las Escuelas Filosóficas en India. Esto niega de manera rotunda la creencia popular y ampliamente aceptada, incluso entre intelectuales, que afirma que “en la historia de India sólo ha habido religión y nada más” (aunque la religión haya sido una parte muy importante en India), ya que en India y en China también existieron filósofos materialistas, escépticos y ateos (y no sólo superstición, irracionalidad, teología y teocracia), así como la creencia que asegura que sólo a partir de Grecia fue que existió la Filosofía, pues en China e India también existió Filosofía.

Chārvaka Muni o Cārvāka Muni (s. VII a.n.e.). Filósofo materialista indio, fundador de una escuela de filosofía (entendiendo filosofía como una “forma de vida”) explícitamente atea, materialista, atomista, empirista, escéptica, antirracionalista y hedonista (que tuvo seguidores por lo menos hasta 1578). Chārvaka es el primer filósofo abiertamente “ateo” (ateo explícitamente) en la historia de la humanidad y el primero que puso en tela de juicio las verdades establecidas, los dogmas religiosos, antes que el filósofo cirenaico griego Teodoro el Ateo (340-250 a.n.e.). Escribió el texto en sánscrito “Brihaspati Sūtra” donde critica y niega las doctrinas hinduistas fundamentales.

Dale Riepe afirma de la Escuela Lokāyata:

A partir del material disponible, se puede decir que los chārvakas tenían en la más alta estima la verdad, la integridad, la coherencia y la libertad de pensamiento”.

Según Garbe, “existían claras indicaciones de la presencia en India de maestros del materialismo puro en los tiempos prebudistas”.

En India no se conserva prácticamente ningún texto ateo por destrucción. Su obra fue prohibida por varios monarcas religiosos, y finalmente desapareció. Todo lo que se conoce de la Escuela Lokāyata se encuentra en textos críticos (como el “Sarva Darśana Samgraha” y el “Sarva Siddhanta Sara Samgraha” (atribuidos al filósofo y teólogo hinduista Śankara, conocido como el mayor representante del Vedanta), que tratan de refutarla o denigrarla. Se nombra a esta doctrina atea en la conocida obra de teatro llamada “Prabodha Chandrodaya” (“La Salida de la Luna del Intelecto”) que demuestra lo conocido que era este movimiento. El único texto que auténticamente se puede decir que pertenece a esta escuela es el “Tatwa Upaplava Simha” (“El Calamitoso León de la Verdad”) de Jayarāśi Bhatta (s. VI d.n.e), que incluye una serie de ataques sistemáticos a cada una de las doctrinas hinduistas.

Corrientes Filosóficas Religiosas como el Jainismo, el Budismo y el Confucionismo que criticaron las ideas hinduistas, tomaron algunos de sus argumentos de ese materialismo. Cuando estas ideas llegaron a Europa en el s. XVII y s. XVIII, supusieron un contraejemplo fuerte contra el argumento de que todos los seres humanos sienten la absoluta necesidad psicológica y ontológico-existencial de creer en dioses y en lo sobrenatural. La Escuela Lokāyata desapareció en algún momento después del s. XIII. Su doctrina ha sobrevivido a través de textos jainistas, budistas e hinduistas.

Para Chārvaka Muni o Cārvāka Muni, la Materia es la única realidad existente, y el Mundo Material, Empírico o Concreto (formado de Materia) es el único que existe. No hay otra Realidad “Sobrenatural”, ni Dios Creador, ni Dioses, ni Alma, ni vida después de la muerte (Karma), ni Samsara (Reencarnación), ni Infierno, ni Cielo. Los conceptos de Dios, Libertad e Inmortalidad deben ser rechazados porque son sólo conceptos especulativos. El Mundo es algo cambiante y fortuito y no ha sido creado por ningún Dios. No debemos preocuparnos por el Todo puesto que no tiene sentido; los fenómenos de la Naturaleza no los hace ningún Dios sino que, simplemente, suceden; y lo que se denomina “Infierno” es el dolor y la frustración natural. Admite los 4 elementos: “Agua o liquidez (āpas), fuego o brillo (agni), tierra o solidez (prthivi) y aire o movimiento (vāyu), pero no el éter (akasha), cuya existencia es improbable”[2]. De estos 4 elementos se formaban también los seres vivos, incluido el ser humano, los cuales luego de morir se descomponían nuevamente en estos elementos. A cada elemento le corresponde su propia variedad de átomos, que son invariables, indestructibles y existentes desde siempre. Todas las propiedades de los cuerpos dependen de los átomos que entran en la combinación que las forma, y de la proporción en que tales átomos se combinen. En “La Salida de la Luna del Intelecto” (Prabodha Chandrodaya), el Maestro Materialista y el Alumno ridiculizan las disciplinas ascéticas: ¿Por qué renunciar a los placeres sensuales y someterse al dolor físico?, pregunta el Alumno. Es ridículo hacerlo, contesta el Maestro Materialista:

¿Cómo se puede comparar el ayuno y el sufrimiento con los abrazos voluptuosos de mujeres de ojos grandes y pechos prominentes que uno aprieta con las manos?

En epistemología, Chārvaka Muni o Cārvāka Muni y la Escuela Lokāyata en general afirma que la percepción es la única fuente de conocimiento válido y efectivo. Rechaza el karma y el samsara, ya que no están basados en las percepciones de los sentidos. El “razonamiento por inferencia” es rechazado, porque tal razonamiento es la descripción de percepciones (en cuyo caso no es una inferencia) o es un supuesto incomprobable o un supuesto reductible a percepciones. Propugna (antes que el filósofo, historiador y economista inglés, conocido como el mayor representante del Empirismo David Hume) las limitaciones de lo que se ha denominado “Inducción” como medio de adquisición del conocimiento. La percepción no revela nada más allá de lo que realmente se percibe. La causalidad es ininteligible. Nada obliga a una causa a ser necesariamente una causa. Tampoco se puede acudir al orden o la regularidad del conocimiento para decir que cosa es una causa y efecto; cualquier cosa lo es. La “inducción” se descarta con la observación de que se percibe sólo aspectos particulares con lo que no se puede inferir una “proposición universal” sin apoyarse en otra “argumentación inductiva”, y así sucesivamente hasta desembocar en el absurdo de la “regresión infinita”. Un ejemplo de esto sería que cuando percibimos los cuernos del toro en una determinada sucesión, de ahí no podemos inferir que los cuernos sean la causa del toro[3].

En ética, Chārvaka Muni o Cārvāka Muni es el primer representante en la historia de la humanidad del Hedonismo. Para Chārvaka Muni, el Placer (en sánscrito “Kama”) y el Dolor son los principales hechos de la vida. La Virtud y el Vicio no son Valores Absolutos, sino simples Convenciones Sociales. La Virtud es sólo una ilusión, y el único fin (como Ideal de Vida) es evitar el dolor y buscar el placer (en sánscrito “kama”), vivir una vida próspera y feliz en el mundo, aunque imposible en principio, en el aquí y ahora. También se habla de una “liberación” (en sánscrito “moksa”, ciertamente poco deseable) de todos los males por medio de la muerte. La vida ascética es un “desperdicio vital”. Ya que no existe vida después de la muerte ni nada diferente del cuerpo que sobreviva a la muerte, es absurdo creer que existen “fuerzas kármicas del castigo y la recompensa” que determinen la suerte del individuo, y hay tantas razones para obtener recompensas en la otra vida como para obtener frutos de un árbol que flote en el aire. Los hinduistas engañan a la gente al afirmar la realidad de las criaturas de su propia imaginación y afirman que la vida ascética es un desperdicio vital. Contra el miedo al castigo, Chārvaka Muni o Cārvāka Muni afirma que los Vedas son un engaño porque pretenden que hay un sistema de justicia superior en el mundo y porque prescriben todo tipo de rituales ineficaces, ya que los que realizan dichos rituales ni siquiera creen en ellos porque si realmente creyesen que los animales sacrificados fuesen directamente al Cielo la gente se sacrificaría a sí misma (cosa que nunca sucede).

La Escuela Lokāyata criticaba la actitud tradicional de discriminación contra la mujer. Realza la dignidad, libertad e igualdad de la mujer. Tanto las mujeres como los hombres tienen pasiones, pero las restricciones sólo se aplican a las mujeres. La posición de las mujeres en un mundo controlado por los hombres depende de las tendencias masculinas que entran en contacto con la mujer. En el “Naishadhíia” (17, 42), se menciona a Chārvaka Muni o Cārvāka Muni diciendo:

Desconfía de los hombres que restringen a las mujeres debido a la envidia o los celos. Tanto los hombres como las mujeres tienen pasión, pero las restricciones sólo se aplican a las mujeres”.

El Cuerpo, según la Escuela Lokāyata está formado por la combinación de los 4 Elementos (Agua, Fuego, Tierra y Aire) y por esta combinación se produce la “chispa de la vida” o “vivificación”. Con la muerte del cuerpo, la “chispa de la vida” o “vivificación” vuelve a la Nada, ya que se nace de Nada y se regresa a Nada. La “chispa de la vida” o “vivificación” no es distinta del cuerpo: “Es solamente el cuerpo calificado por la inteligencia”. Todos los atributos materiales y la “autoconciencia” residen en el cuerpo. No hay evidencia de un “Yo” distinto al cuerpo. La “Conciencia” y los Órganos Sensoriales son los subproductos de las combinaciones de diversas sustancias materiales (combinación de átomos). Con la desaparición del cuerpo, la “conciencia” también desaparece.

Los discípulos de Chārvaka Muni o Cārvāka Muni difieren en el hecho de si cada propiedad física es descrita de manera psicológica (Materialismo Reductivo) o hay propiedades mentales irreductibles a causas de propiedades físicas, pero las propiedades mentales no producen ningún impacto causal alguno en lo físico (Epifenomenalismo). Algunos aceptan sólo la percepción como la única fuente de conocimiento, aunque, de modo no muy distinto del Positivismo Lógico, ya que admite derivar consecuencias que se refieren a estados de cosas perceptualmente accesibles, aunque todos admiten que la mente es simplemente el cuerpo y sus capacidades.

El nombre “Chārvaka” se puede encontrar en un mito hinduista: “En el “Mahabhárata”, Chārvaka era un “monstruo rakshasa amigo del malvado Príncipe Duryodhana. En una oportunidad se disfrazó de sacerdote brahmán e insultó a Yudhisthira (que entraba triunfante en la ciudad de Hastinapura luego de vencer en la Gran Guerra de Kurukshetra), predicando doctrinas profanas, ateísticas y heréticas. Los verdaderos brahmanes se dieron cuenta y lo prendieron fuego vivo mediante el fuego de sus ojos””. Este último Chārvaka Muni o Cārvāka Muni probablemente representa una metáfora tendenciosa acerca de la polémica existente en la época en que se escribió el “Mahabhárata” (incluso ayudaría a datar la época de la redacción del importantísimo texto épico). Chārvaka Muni o Cārvāka Muni puede ser considerado como un “hombre adelantado a su época” y como el “primer librepensador en la historia de la humanidad”.

Jayarāśi Bhaṭṭa

Filósofo indio de los siglos VIII y s. IX y autor del “Tattvopaplavasimha” (El león que devora todas las categorías). El texto pertenece a la Escuela Lokāyata, siendo el único texto auténtico de la misma. El manuscrito de esta obra se descubrió en (1926) y fue publicado en (1940).

El “Tattvopaplavasimha” (El león que devora todas las categorías) examina la epistemología, al considerar los “pramana” (fuentes de la sabiduría) aceptado en cuanto al establecimiento de conclusiones (percepción, deducción y testimonio) y prueba que ninguno de ellos es suficiente para establecer la sabiduría. La deducción es el razonamiento inductivo que no puede ser visto como una premisa universal. El testimonio requiere la fiabilidad de la fuente o testigo, que según los pramana debe ser validado por otra persona. Incluso la percepción directa no puede establecer la verdad porque requiere que la percepción no sea errónea o ilusoria, algo que no puede establecerse. Así, Jayarāśi Bhaṭṭa argumenta que ninguna de las fuentes de la sabiduría es válida y ninguna puede ser dada por cierta.

Jayarāśi Bhaṭṭa desafió al establecimiento astika de las creencias en lo sobrenatural atacando su epistemología. Partiendo de que ninguna de las fuentes de sabiduría es válida, “¿cómo puede alguien saber sobre estos seres?”. Apoya por tanto el ateísmo y cree que la obtención de la felicidad es el objetivo humano más razonable.

Jayarāśi Bhaṭṭa representa el escepticismo extremo en la Escuela Lokāyata, según el cual ninguna escuela filosófica puede afirmar su visión de la realidad como sabiduría, ni siquiera la misma Escuela Lokāyata; en cualquier caso, al representar esta escuela el sentido común, puede utilizarse como guía.

Escuela Bjutavada (Elementalismo)

Es una de las formas del antiguo materialismo indio. Probablemente surgió a comienzos de nuestra era. En ciertas fuentes aparece como variedad de la Escuela Lokāyata. Según la Escuela Bjutavada, todas las diferencias de los objetos por sus propiedades se derivan de las diferencias de combinación de los elementos materiales que componen los objetos dados. La conciencia es el resultado de una combinación especial de los elementos materiales, combinación que, una vez surgida, puede reproducir combinaciones análogas, a sí misma; ahora bien, las combinaciones de otro tipo jamás podrán hacer que surja la conciencia. Como los seguidores de la Escuela Lokāyata, los partidarios de la Escuela Bjutavada eran empiristas en epistemología y hedonistas en ética.

Ajita Kesakambala

Entre el s. VI y el s. V a.n.e. surgieron en India una serie de movimientos filosóficos y religiosos que proponían teorías diferentes a las enseñanzas tradicionales ortodoxas basadas en los Vedas, los más conocidos fueron el Budismo fundado por Siddhartha Gautama Sakyamuni (Buda) y el Jainismo de Mahāvira, pero hubo otros 5 “sramanas” o “maestros espirituales” que también ejercieron una notable influencia, aunque sus escuelas no sobrevivieron mucho tiempo.

Según el Canon Budista hubo 6 “tendencias heterodoxas” o “nāstika”, que el Budismo combatía, conocidos por el nombre genérico de “Maestros del Error”: Purana Kassapa (Amoralismo), Makkhali Go´sāla (Ajivika o Determinismo Fatalista), Ajita Kesakambala (Materialismo), Pakudha Kaccayana (Atomismo), Sanjaya Belatthaputta (Escepticismo) y Mahāvira, fundador del Jainismo.

Ajita Kesakambala es un filósofo materialista extremo indio. Sostenía que todo lo que existe tiene su origen en la materia. En la Naturaleza todo ocurre espontáneamente, sin determinismo alguno. Todo en el Universo está compuesta por los 4 elementos: “Agua, fuego, tierra y aire”. Estos 4 elementos pueden combinarse de diversos modos, dando lugar a conglomerados, tales como el cuerpo viviente, el cual tiene entre sus propiedades la conciencia. Niega la existencia del alma, la vida después de la muerte, los dioses, lo sobrenatural y la trasmigración al afirmar que el hombre termina con la muerte. Defiende la tesis contraria a los “deterministas fatalistas” (Ajivikas), afirmando la libertad radical del ser humano. Sólo en esta vida, la única que existe (el aquí y ahora), se puede alcanzar la felicidad, y la felicidad depende de los placeres de los sentidos y de las relaciones humanas satisfactorias. Las malas acciones no dan fruto ni maduran en consecuencia alguna.

Sanjaya Belatthaputta

Filósofo indio, contemporáneo de Buda, que tuvo muchos seguidores. Fundador de la Escuela Ajñāna o Escéptica. Tenía por norma no afirmar ni negar nada, ni emitir juicios, ya que no hay respuestas absolutas a los interrogantes, y todas las doctrinas se contradicen entre sí. Hay que adoptar una posición evasiva, proponiendo la suspensión del juicio.

Yan Chu (395 a.n.e. – 335 a.n.e.)

Filósofo materialista y hedonista chino. Criticó duramente al Confucionismo, las representaciones religiosas y la creencia en la inmortalidad. Todos los acontecimientos y fenómenos de la naturaleza y de la sociedad están subordinados a la acción del principio de la necesidad natural, al que definió como “destino”. Declaraba que todo está sujeto a la ruina y la aniquilación. A la vida sucede la muerte como necesidad natural, tras el nacimiento sigue la destrucción. En ética, situó en primer plano el individuo con su anhelo de satisfacer todos sus deseos.

Exhortaba a provechar el presente de la vida y gozar de él sin atormentarse pensando en lo que habría más allá de la muerte, ya que la muerte es el absoluto final. Proclama la vuelta del sabio (y en principio de cada uno) hacia sí mismo. Su idea fundamental es la valoración de la vida y la atención a sí mismo. Se pronunciaba contra toda intervención exterior en la operación de la naturaleza propia. Por eso rechaza la cultura: “Las normas sociales son arbitrarias”. La vida debe mantenerse y protegerse, para nutrir la verdad contenida en ella, de modo de no permitir que las cosas externas puedan corromper a vida. No hay ideales:

Todo esfuerzo del ser humano en pro de la fama y de la perfección moral no hace sino apartarle de la vida, que es su único bien y debe ser “vivida plenamente”.

Según Yan Chu, el individuo debe entregarse sin reservas a su sensibilidad y dejarse llevar por ella, sin reparar las consecuencias. Se decía de él que no hubiese sacrificado un pelo de su cabeza ni siquiera para salvar al Mundo.

Wang Tchung, Wang Tch’ong o Van Chun (27 d.n.e. – 100 d.n.e.)

Filósofo materialista chino. Nació el (27 d.n.e.) en Shangyu (act. Shaanxi) y murió el (100 d.n.e.) en Shangyu (act. Shaanxi). En sus ensayos “Lueng Heng” (“Ensayos Críticos”), criticó las ideas y creencias de su época, denunció el error y la superstición y se declaró enemigo de las fábulas y las mentiras. No creía ni en los dioses, ni en los espíritus ni en los prodigios y rechazaba todo postulado sobrenatural. Consideraba que Confucio (Kung Fu Tsé o Kong Qiu) erraba contra la razón al inclinarse (con el respeto de un creyente) ante el “Cielo Soberano”. Se manifestó contra la doctrina del “Cielo” como “fuerza rectora suprema que determina la aparición, desarrollo de los fenómenos y objetos”. No existe ningún Creador dotado de “voluntad”. Ningún “Espíritu Celeste” interviene sobre los Jefes de Estados para advertirlos o castigarlos. Cuando los antiguos sabios hacen hablar al Cielo incurren en una mentira y le prestan sus propios sentimientos. “El corazón del cielo está en el pecho del sabio”.

El ser humano no desempeña el rol que le atribuye Tong Tchong-Chu. Su conducta no tiene ninguna influencia sobre los “movimientos del aliento cósmico” (Tao), pues todo en el Universo se explica por el funcionamiento espontáneo de un “Principio Unipersonal, Inmanente y Neutro” (Tao), subyacente a una dualidad en el “orden físico” (Yin y Yang), que funciona como fuente y base primordial los elementos materiales “tsi”. El mundo se compone de la substancia K’i la cual se mueve en la eternidad, mientras que el Tao es la ley de la propia realidad. Por la acción recíproca de 2 K’i (los enrarecidos que se hallan en el espacio celeste y los condensados que se hallan en la tierra constituyendo los diversos cuerpos) son engendradas todas las cosas. El Yang es inconsciente, inactivo y espontáneo, pero adquiere la aptitud de pensar por la conexión temporal con el cuerpo y es cosustancial con el Cielo. El Yin es cosustancial con la Tierra.

La muerte, paralelo exacto del nacimiento, hace entrar en lo inconsciente a los 2 elementos. El ser humano es parte de la naturaleza, se engendra como resultado de la condensación de los tsi. La dispersación de los tsi lleva a la muerte y al aniquilamiento.

Wang Tchung rechaza la ascesis, la mística, el éxtasis, la absorción en el Uno, el retorno al Origen de las Cosas y el Tao como Principio Inmortal e Imortalizante del Taoísmo. Sólo conserva del Tao su naturalismo. Según Wang Tchung, los taoístas son presa de la ilusión cuando hablan de inmortalidad.

Wang Tchung combatió la teoría de la dependencia de la vida social respecto a los fenómenos de la naturaleza. Las cosas surgen de sí mismas, de forma espontánea y voluntaria (wu wei). La felicidad y la desgracia no depende de la conducta de los seres humanos, de la misma manera que los desordenes que arruinan a los imperios no están determinados por la perversión de sus gobiernos. Están ligados a condiciones económicas difíciles, a la penuria, pero no dependen en absoluto de la moralidad pública. Por lo tanto, las catástrofes y fenómenos en la Naturaleza son el resultado de la mutación del K’i en su conexión con el Yin y el Yang. No guardan relación con la conducta del ser humano ni con la conducta del Gobernante, Monarca o Soberano (al contrario de lo que afirmaban la Escuela de los Letrados y la Escuela del Yin/Yang), pues esto sería negar la espontaneidad del Cielo.

La historia se desarrolla por ciclos: “Después de un período de florecimiento llaga la decadencia, luego se repite el ciclo”. El ser humano surge del Yin y del Yang (que constituye la fuerza vital a través del K’i). En lo referente a la naturaleza o condición humana, para Wang Tchung la naturaleza o condición humana puede ser tanto buena como mala. Los seres humanos son buenos o malos según el “hálito yang” que se les haya repartido más o menos ampliamente en el momento de su nacimiento. A su juicio, una naturaleza mala puede producirse mediante influjos externos, pero de tal manera que puede transformarse en una naturaleza buena. Aquí se encuentra con los filósofos chinos Meng Zi y Xun Zi. Con esto se opone a la concepción que afirma que las buenas acciones son retribuidas con un buen destino y las malas acciones acarrean un mal destino. Wang Tchung no limita este principio a un ser humano en particular, sino que lo extiende al destino de pueblos enteros. El espíritu vital que anima a los seres humanos es hálito, de la misma manera que lo son la carne y la sangre del cuerpo. Cuando el ser humano muere, se disuelve esa fuerza vital y se desmorona el cuerpo. Puesto que la muerte se traga la personalidad, no existen los fantasmas. Mucha gente afirma haber visto a los fantasmas y que no hay que poner en duda su buena fe, pero sus sentidos los han engañado. Aunque no existe nada sobrenatural ni nada después de la muerte, si existe un destino que debe ser aceptado.

En epistemología, negó la existencia del “saber innato”. En vez de temer, conocer. Para Wang Tchung, toda teoría debe someterse a la prueba de los hechos. Un hecho es un dato sobre el que el pensamiento puede asentarse. No obstante, la experiencia es sólo el momento inicial del proceso del conocimiento. La experiencia (bruta) en muchos casos no es convincente, por lo que sólo el ejercicio de las facultades intelectuales puede aportar la certeza. El ojo y el oído abusan a menudo de la razón, debido a las falsas apariencias. Argumentar con ayuda de ejemplos es un buen método, pero, no obstante, el juicio tiene que intervenir en la elección de los ejemplos, y si no se refieren a realidades que la razón pueda aceptar como tales, no prueban nada. Si el testimonio no es verificado y rectificado por el “intelecto” (sin-yi), no es suficiente ni válido. A. Forke estima a Wang Tchung “satírico como Luciano y espíritu fuerte como Voltaire”[4].

Tai Chen (1723-1771)

Filósofo materialista chino. Dedicó mucha atención al estudio de las Ciencias Naturales, la Matemática y la Astronomía. Según Tai Chen, la Naturaleza es eterna y existe independientemente de la Conciencia Humana. A la pregunta de cuál es la relación entre los 2 conceptos básicos de la Filosofía de la Naturaleza según el Neoconfucionismo (el “Li Ideal” y el “Tsi Material”), Tai Chen contestaba que el tsi es lo primario y el li es lo secundario. Para Tai Chen, el Mundo se encuentra en un proceso de formación y desarrollo. Explicaba el movimiento por la interacción de fuerzas contrapuestas: “El Yang Positivo y el Yin Negativo”. Su acción es eterna, indestructible e inseparable de la Naturaleza. Todos los fenómenos y objetos se hallan subordinados a la necesidad natural. En epistemología, Tai Chen consideraba que las sensaciones son la fuente y base del conocimiento, negando la existencia del “saber innato”. Halló la necesidad de comprobar por medio de la experiencia, la validez de las conclusiones generales. En su concepción socio-política, Tai Chen expuso la tesis de que la liberación del pueblo depende de la instrucción y del autoperfeccionamiento moral del individuo.

Sexto El Empírico (200-250 d.n.e.)

Médico y filósofo griego, uno de los más importantes representantes del escepticismo pirroniano y fuente de la mayoría de datos referentes a esta corriente filosófica. No se sabe de dónde era originario, aunque vivió en Atenas, Alejandría y Roma. Recibió el sobrenombre de “El Empírico” por sus concepciones filosóficas pero, especialmente, por su práctica médica. Sus escritos, muy influidos por los de Pirrón de Elis y Enesidemo, están dirigidos en contra de la defensa dogmática de la pretensión de conocer la verdad absoluta, tanto en la moral como en las ciencias.

En sus “Hypotiposys Pirronicas” define el Escepticismo de la manera siguiente: “El escepticismo es la facultad de oponer de todas las maneras posibles los fenómenos y los noúmenos; y de ahí llegamos, por el equilibrio de las cosas y de las razones opuestas (isostenía), primero a la suspensión del juicio (epojé) y, después, a la indiferencia (ataraxia)”.

Defiende una posición relativista y fenomenista desde una posición escéptica antimetafísica y empirista. El dogmático sostiene algo, mientras que el escéptico se abstiene de cualquier juicio. Los dogmáticos positivos, sobre todos los estoicos, sostiene tesis metafísicas; los dogmáticos negativos sostienen que las cosas son incognoscibles. El Escepticismo no es una doctrina, sino un método:

El arte de oponer a una impresión o a un pensamiento una impresión y un pensamiento de igual fuerza, de modo que se hace imposible el acuerdo”.

El objetivo del Escepticismo es la “imperturbabilidad del alma” (ataraxia), que proviene de la “suspensión del juicio” (epojé), sobre todo de cualquier juicio de valor. El que quiera fundamentar algo incurre en una regresión infinita o en círculo, o bien tiene que aceptar un supuesto no fundado. La “suspensión del juicio” (epojé) se expresa mediante “fórmulas escépticas” por ejemplo: “Quizás”, “es posible”, “puede ser”. Distingue además el Escepticismo Pirrónico de las demás formas de Escepticismo, como el de Demócrito de Abdera, que rechaza la realidad de las cualidades secundarias, el Relativismo de Protágoras de Abdera y del Escepticismo de la Academia. La cuestión del “criterio de verdad” no es decidible ni indecidible. Si es decidible, acaba en un círculo vicioso o en una regresión infinita, porque para decidir hay que presuponer un criterio de verdad. Pero aunque se diera un criterio de verdad, persistiría como indecidible si hay enunciados verdaderos. Quien sostenga que los hay, debe ofrecer una prueba, con lo que ha de presuponer la verdad de la prueba.

Según Sexto El Empírico, hay cosas, pero lo único que podemos saber y decir de ellas es de qué manera nos afectan las cosas, no lo que son las cosas en sí mismas. No obstante, su epojé no es tan radical como la de Pirrón de Elis. Defiende también una ética del sentido común y, aunque como pirroniano acepta la “indiferencia” (adiaphora) respecto de todas las soluciones morales, reivindica también la importancia de lo empírico, razón por la cual defiende que la vida práctica debe regirse por 4 guías:

La experiencia de la vida, las indicaciones que la naturaleza nos da a través de los sentidos, las necesidades del cuerpo y las reglas de las artes”.

Hace una crítica del silogismo, al que considera un círculo vicioso, y pone en entredicho la noción de signo, especialmente tal como lo entendía el Estoicismo (signo indicador, esto es, signo para una realidad no dada en la experiencia, como por ejemplo, el movimiento del cuerpo es signo de la existencia del alma). Critica la teología estoica señalando las contradicciones de la noción estoica de Divinidad. Uno de los argumentos en contra de la existencia de la Divinidad es la existencia del mal en el Mundo:

O bien Dios no es capaz de impedir el mal en el Mundo, o no quiere; ambas cosas son incompatibles con la Esencia Divina”.

Para el Estoicismo, todo cuanto existe es corpóreo, por tanto, señala Sexto El Empírico, también lo ha de ser la Divinidad. Pero un cuerpo puede ser simple o compuesto. Si es compuesto puede descomponerse y, por tanto, es mortal. Si es simple, es uno de los elementos:

Tierra, aire, agua o fuego y, entonces, es inerte e inanimado”.

De ahí se sigue que la Divinidad, o bien es mortal, o bien es inanimada, lo cual es, en ambos casos, absurdo. Además de este argumento, Sexto Empírico atacaba la noción de Divinidad apelando a otros razonamientos. En todos ellos reforzaba la idea escéptica de la necesidad de la “suspensión del juicio” (epojé). Además, atacó también la noción de causa. No puede haber causa alguna, porque las causas no pueden existir ni antes ni después ni junto con el efecto:

No antes del efecto, porque la causa es siempre causa de un efecto; no junto con el efecto, porque la causa ha de producir primeramente el efecto”.

Los supuestos de que existen movimiento, alteración, lugar, tiempo y número se confrontan con tesis contrarias de igual de fuerza. Contra la afirmación de que existen el Bien y el Mal por naturaleza, se remite a las costumbres contradictorias entre dos pueblos. Pero si no existe el bien y el mal, tampoco puede haber un “arte de vivir”, esto es, ningún saber acerca de cómo ha de vivirse una buena vida.

En general, su obra es importante por cuanto es una de las fuentes del conocimiento del pensamiento antiguo. Concretamente, su “Contra los Matemáticos” aporta datos importantes para el conocimiento de la historia de la astronomía, la gramática y la ciencia antigua, así como de la teología estoica. Otras obras destacables son: “Bosquejos Pirrónicos” y “Contra los Dogmáticos”.

Teodoro El Ateo

Teodoro, el Ateo (en griego original Θεόδωρος, “ο άθεος”, (340 a.n.e. – 250 a.n.e.). Filósofo de la Escuela Cirenaica, discípulo del filósofo griego Aniceris. Nació en Cirene y allí fue discípulo del filósofo hedonista Aristipo de Cirene. Vivió en la segunda mitad del siglo IV a.n.e. y se sabe que fue desterrado de Cirene, aunque no constan las causas de esa expulsión. Por Plutarco sabemos que se trasladó entonces a Atenas, donde se escapó por poco de ser juzgado por impiedad como otro nuevo Sócrates ante el Areópago gracias a la intercesión de Demetrio de Falero; estuvo allí presuntamente entre el (317 a.n.e.) y el (307 a.n.e.).

Expulsado al fin de Atenas, marchó a Egipto, quizá el (307 a.n.e.), a la caída de Demetrio. Ptolomeo I le utilizó como Embajador ante Lisímaco de Tracia, al que sin embargo ofendió por la libertad de sus frases. Quizá más tarde marchó a Corinto. Finalmente volvió a Cirene, donde vivió sus últimos años con un tal Mario, un romano, según Diógenes Laercio, aunque podría ser Magás, el rey o gobernador local. Ateneo dice que murió asesinado, pero eso podría ser un error.

Fundó su propia rama dentro de la Escuela Cirenaica. Según el fundador de la misma, Aristipo de Cirene (que extendió el Hedonismo hacia los placeres sensuales), el objetivo máximo de la vida humana es obtener el placer y evitar el dolor, un fruto de la prudencia y la otra de la idiotez, aunque no se puede obtener la ausencia del dolor, sino que el sabio ejercita su razón para valorar los placeres; la prudencia y la justicia son buenas y todo lo que se le oponía doloroso. El placer no debe ser considerado como una sensación momentánea, sino como una sensación duradera. Era un cosmopolita, como todos los helenísticos: “Negaba el nacionalismo y afirmaba que todo el mundo era su patria, y que no había mal alguno en robar o practicar el adulterio o el sacrilegio, sino que la condena de la opinión pública formaba previamente una restricción de la libertad”. Escribió una obra titulada “Sobre los Dioses” donde según Diógenes Laercio ampliaba el ateísmo incipiente de Epicuro de Samos negando la existencia de los dioses griegos, así como toda noción de divinidad. Su discípulo Evémero explicará que los dioses son en realidad hombres ilustres divinizados. La filósofa cínica Hiparquía de Tracia, criticada por Teodoro El Ateo, quien creía que la filosofía no era algo apropiado para las mujeres, escribió en su contra un libro titulado “Cuestiones sobre Teodoro El Ateo”.

Notas:

[1] Onfray, Michel. Compactos Anagrama. Pág. 47.

[2] Reyna, Ruth. Introducción a la Filosofía de la India. Edit. El Ateneo, pp. 87-89.

[3] Harré, Rom. Mil Años de Filosofía. Edit. Taurus, pp. 73-74.

[4] Parain, Brice. Historia de la Filosofía. Siglo XXI Editores, pp. 314-317.

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