ANÁLISIS DEL RELATIVISMO MORAL*

Por: César Augusto Martínez Alanís

protagoras

Sólo vemos en perspectiva; sólo conocemos en perspectiva”

F. Nietzsche1

El relativismo no es un concepto completamente negativo sino ambiguo, según la situación en la que se encuentre la persona. Este tema del relativismo si bien es muy conocido, quizás en la práctica resulte espontáneo. A diferencia del relativismo aplicado al conocimiento de lo fáctico y lo científico, el moral afecta nuestra manera de vivir, su mensaje central consiste en la abstención, es decir, niega el derecho a juzgar las creencias y/o prácticas de los otros y viceversa.

El relativismo es una teoría filosófica iniciada por los propios sofistas, y considera que la verdad está en relación con el sujeto que cree tenerla, por oposición a la teoría objetivista, que mantiene que la verdad es universal e independiente de las personas que la formulan, y por tanto puede ser conocida.2

Enfrentadas a cuestiones que parecen exigirles un juicio moral, muchas personas se sienten escindidas entre dos intuiciones en conflicto. La primera es la creencia de que, de manera universal, existen unas acciones y conductas correctas y otras que no lo son. La segunda intuición puede resumirse en las siguientes cuestiones; ¿Quiénes somos para juzgar otras culturas? ¿Quiénes somos para aplicar nuestros patrones a personas que se rigen por otros sistemas morales y religiosos? El primero de los pensamientos nos invita a hacer juicios morales; el segundo, a abstenernos de hacerlos. El segundo, cuando se desarrolla, conduce a lo que comúnmente conocemos como relativismo moral que surge a su vez de dos ideas fundamentales: la diversidad de ideas y el conflicto de valores.

Las opiniones morales y las prácticas de cualquier individuo se forman en el plano histórico y en un lugar concreto (es decir, si hubiese nacido en otro tiempo y en otro lugar, las opiniones y las prácticas serían distintas de lo que son). La confluencia de estos pensamientos induce a sostener que los juicios morales son relativos a su tiempo y lugar, por tanto, no pueden justificarse objetivamente y no pueden ser absolutos.

El relativismo históricamente inicia en la Grecia clásica con el sofista Protágoras3, quien defendió un relativismo del conocimiento y los valores, es decir, negó que existieran valores y verdades universales comunes a todos los hombres, esta idea la plasmó en su célebre máxima: “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son, en tanto que son, y de las que no son, en cuanto que no son”4. Según esta idea no hay verdades absolutas, objetivas y universales, sino que las cosas son tal y como son percibidas por cada uno de nosotros, es decir, que es el hombre el que determina la verdad y validez de las cosas, sin embargo, este conocimiento no debe someterse a la realidad y la medida de cada cosa, de tal manera que es el intelecto de cada hombre el que determina la medida para cada ser.

Diferencia entre ética y moral

Si hacemos una distinción de lo ético y lo moral, tenemos que lo moral se refiere a conjuntos de normas a seguir que son modelos universales, lo ético en cambio, está relacionado con la reflexión filosófica sobre el comportamiento humano a partir de la conducta moral, lo que nos lleva a asegurar que los valores son subjetivos, pues gracias a ellos el individuo puede darse una idea de cómo sus elecciones alteran su entorno, le permite tener un panorama “de qué es lo que puede hacer para que sean buenas en vez de malas o se consideren más o menos valiosas”5.

Si el conocimiento es diferente y se da en cada sujeto, entonces pierde su dimensión objetiva y universal de la verdad. De esta forma, al no existir criterio alguno de verdad, todo juicio será arbitrario y dependerá de cada hombre, existiendo una pluralidad de verdades.

Relativismo moral

El relativismo moral es la idea de que la autoridad de las normas morales es relativa al tiempo y al lugar. Las normas son reglas que indican que acciones son exigidas, prohibidas, permitidas, desalentadas y alentadas. Están concebidas para promover el bien y evitar el mal, alentar la virtud y desalentar el vicio, etc., se preocupan más del interés común que del mero interés individual.

Existen dos maneras de abordar la moral y las normas morales, como observadores externos o como códigos de conducta que, según la sociedad, la cultura o el grupo en cuestión, varían. Al adoptar este punto de vista, considero lo que yo y los demás deberíamos hacer, lo que es correcto y lo que no, que es obligatorio y que esta prohibido, etc.

Es entonces que las normas morales, aparecen ahora como unos principios y unas reglas, que yo veo como aplicables a mí y a cualquier otra persona que se encuentre en una situación similar. Según este enfoque, la moral es única, no plural, se aplica a mi conducta y a mis prácticas, me permite juzgar las de las demás; según este enfoque la moral es única, no plural.

Lo que en realidad necesita el relativismo moral para poder funcionar, es el postulado de la diversidad real o potencial, porque la relatividad de la moral no implica ausencia de aceptación universal, solo la negación de su aplicabilidad universal.

La moral en sentido estricto

Para decidir lo que está bien o lo que está mal, es necesario hacer un juicio sobre lo que los demás rechazarían6, por ello, la justificación ante los demás es la clave de la motivación moral. Ante este problema de la justificación, el filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas menciona que la justificación o justificabilidad en el orden de lo moral “defiende por igual una moral de respeto y de responsabilidad solidaria para con todo el mundo”7, es decir, que el respeto que mostremos hacia los demás debe ser recíproco y, por tanto, en la práctica del respeto se fundamentan los actos de la moral, y así los juicios morales exigen una clausula relativizadora8 (la confianza en la objetividad esta fuera de lugar: son meramente locales, no tienen autoridad más allá del ámbito de uno mismo y del prójimo).

 *Publicado en la edición 5 de Revista Paradoxa

Referencias

1. Llano Cifuentes, C. El diccionario de tolerancia (I). Recuperado el 28 de Noviembre de 2006. http://www.conoze.com/doc.php?doc=5983

2. Lukes, S. 2011 Relativismo moral. Barcelona, España. Ed. Paidós.

3. Habermas, J. 2008. La inclusión del otro. Estudios de teoría política. Barcelona, España. Ed. Paidós.

4. Morales, F. El Relativismo. Recuperado el Jueves 09 de Octubre de 2008. http://felipe-filo.blogspot.mx/2008/10/el-relativismo.html

5. Platón. 1976. Diálogos. Teeteto o de la ciencia. Madrid, España. Ed. Aguilar

1Nietzsche, F.1996. Genealogía de la moral. Madrid, España. Alianza Ed.

2Morales, F. El Relativismo. Recuperado el Jueves 09 de Octubre de 2008. http://felipe-filo.blogspot.mx/2008/10/el-relativismo.html

3 Sofista griego (487 – 420 a,C.), nació en Abdera, en la costa norte del mar Egeo.

4Platón. Diálogos. Teeteto, o de la ciencia. Ed. Aguilar. Madrid. 1976.160 c-162 c pp. 762.

5Ibídem, p.181.

6Lukes, S. Relativismo moral. Paidós. 2011 p. 171.

7Habermas, J. La inclusión del otro. Estudios de teoría política. Paidós. 2008.

8 Lukes, S. Op. cit. pp.183.

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